06.07.2016

Llama la atención la noticia. Un plantel de fútbol de primera visita la ex ESMA, se compromete solidariamente con la Fundación del Hospital Garragan y su técnico da una charla en el humilde barrio porteño de Zabaleta. No es común en el ambiente futbolístico. Pero se trata de Huracán y al Globito lo dirige Ángel Cappa, un hombre comprometido desde siempre con el buen juego y la política. El generador de ilusiones de un Parque Patricios que soñaba con volver al 73 hasta que le pincharon el globo con un par de silbatazos.


"Lo que busco es que el equipo le puede facilitar a la gente una ilusión, una esperanza, una alegría. Por lo menos en un partido de fútbol. Gente que está mal, que es maltratada,
mal pagada y que tiene muy pocas esperanzas en esta sociedad. Por lo menos le queda la ilusión de un equipo de fútbol para vivir una alegría los fines de semana."


¿Cómo nace la visita del plantel al Espacio de la Memoria (ex ESMA)?


Fue una iniciativa que nació de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, quienes nos invitaron y aceptamos con mucho gusto con la intención de mantener viva la memoria de ese episodio de nuestra historia.
Naturalmente los jugadores son chicos muy jóvenes que en esa época muchos no habían nacido pero todos se mostraron conmovidos ante esa realidad. Para muchos significó  enterarse de lo que había pasado porque durante mucho tiempo se estuvo ocultando esa historia, se fue tapando y no se mostraba la verdadera crueldad de los militares a favor del poder económico, como siempre.

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¿Hablas con ellos de la historia, de política?


No, generalmente no mezclo el fútbol con la parte ideológica mía.
Yo para ellos soy el entrenador de fútbol y cumplo esa función nada más. Claro que me doy cuenta que los chicos jóvenes no tienen información.
Los medios de comunicación no se esmeran en contar la realidad más bien todo lo contrario.
Se esmeran en distraerlos y ocultarles la realidad. Por eso es muy difícil que un chico, a menos que tenga una inquietud personal, se entere de estas historias por los medios. Es más bien todo lo contrario.


¿Cómo fue tu experiencia militante?


En los años 70 la situación era muy distinta. Se vivía la posibilidad de un mundo y una sociedad mejor no solo en la Argentina también en Chile, en Uruguay, en Brasil había
una inquietud de la juventud por cambiar el mundo y nos parecía que estaba ahí, al alcance de la mano. Yo militaba en el Peronismo de Base en Bahía Blanca donde vivía.


Terminaste en el exilio como mucha de esa juventud.


Así es, en septiembre del 76 me tuve que ir. Desde marzo estaban los militares pero desde antes con el gobierno de Isabel Martínez y López Rega ya sufríamos una represión escandalosa y se percibía lo que después sucedió.
Después ya en España junto con otros compañeros tratámos de difundir información de lo que ocurría en la Argentina, denunciando los crímenes de la dictadura. Eso fue lo esencial de nuestra militancia afuera.
A esa altura yo hacía 10 años que no me ocupaba de mi y era necesario que lo haga  porque ya no tenía medios para vivir. Así fue que estuve trabajando de lo que salía hasta que tuve la oportunidad de hacer el curso de entrenador y empecé en esta actividad.
Mi primera experiencia fue con el Flaco Menotti en Barcelona y después en Banfield, aquí en Argentina.

 

Hoy tu equipo hacer recordar a aquel famoso Huracán del 73 de Menotti. Los hinchas del globo se ilusionan con ese recuerdo.

 

Es que ese es nuestro modelo. Huracán tiene un historia en el fútbol argentino, un estilo más allá de aquel famoso equipo. El buen gusto como identidad. Y nosotros tratamos de ser fieles a ese camino que trazaron tantos  equipos, en particular el de Menotti.


¿Soñás que tu equipo quede en la memoria de la gente como aquel?


Más que quedar en la memoria de la gente lo que busco es que el equipo le puede facilitar a la gente una ilusión, una esperanza, una alegría. Por lo menos en un partido de fútbol. Gente que está mal, que es maltratada, mal pagada y que tiene muy pocas esperanzas en esta
sociedad. Por lo menos le queda la ilusión de un equipo de fútbol para vivir una alegría los fines de semana.


¿Cómo convivís con un fútbol que a veces aparece tan contaminado por el negocio, por los intereses?


Es como si le preguntaras a un obrero de General Motors como hace para trabajar allí. Un trabaja de lo que puede y en mi caso, nadie me impide hacer lo que yo pienso y actuar de esa manera.
Además en los planteles, en los equipos yo no mezclo en absoluto mi manera de vivir o de pensar. Eso es aparte.


¿Cómo ves la situación política de nuestro país?


La veo complicada, veo que hay muy pocas propuestas para modificar lo esencial, para modificar las estructuras que generan las desigualdades, que genera la pobreza.
Se trata de hacer un “capitalismo bueno” o menos malo. Y eso es una pasión inútil. Sartre decía que el hombre es una pasión inútil. Lo mismo le cabe a intentar hacer un capitalismo bueno.
Yo creo que la cosa va por otro lado, va por un cambio de estructuras, de un modelo de organización que ya mostró el fracaso escandaloso con secuelas espantosas en todo el mundo: la destrucción del planeta, la generación de mucha más pobreza, mucha violencia. Ese modelo hay que terminarlo, hay que inventar un modelo distinto para que entonces si podamos vivir en una sociedad más justa.


¿Sos optimista con lo que sucede en Latinoamérica?


Si, soy optimista porque es lo único que queda en el mundo. En esta crisis brutal del capitalismo, lo único que nos queda es que los movimientos latinoamericanos marquen el camino de una nueva etapa, de una nueva manera de organizarnos.
Donde la gente pueda no estar amenazada permanentemente por la conveniencia de los
poderosos.


¿Existe la nuestra en el fútbol argentino?


Claro que existe. Fijate que Huracán hace 4 toques seguidos y la gente se emociona. Lo mismo pasa en Godoy Cruz, en Lanus, en Velez.
Son equipos que juegan bien y la gente los sigue cada vez más.
Lo que sucede es que hay un discurso predominante para otro lado.
Pero cuando aparece un equipo que juega bien, en seguida la gente se siente identificada con ese equipo y lo apoya y se recupera la nuestra: la identidad futbolística de los argentinos.
Además el ser argentino es tener una identidad propia. Sería absurdo que no la tengamos en el fútbol

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