IDEP: 30 años de la convención sobre los derechos de lxs niñxs
Entrevista a Laura Teffatani abogada especialista en infancia: “Vivimos en un sistema que condena a los chicos y las chicas a la intemperie”.
La Convención,
obviamente, que trajo en la Argentina una mirada hacia el niño que fue algo
positivo pero la mayoría de sus derechos están lejos, muy lejos de ser
cumplidos, expresa Laura
Taffetani, abogada especialista en infancia, miembro de la Fundación Pelota de
Trapo y del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo.
A 30 años de la Convención sobre los Derechos de lxs Niñxs,
ratificada por nuestro país en el año 1990, con rango constitucional a través
de la reforma de 1994, IDEP SALUD entrevistó a la abogada especialista en
infancia Laura Taffetani para conocer su perspectiva sobre el tramo histórico
transcurrido hasta hoy.
-Ya pasaron 30
años desde que se declaró la Convención de los Derechos de niños, niñas y
adolescentes, ¿qué análisis puede hacer sobre este trayecto?
-Laura Taffetani: Y,
fue la confirmación de lo que en aquel momento nos hacía ruido porque, en
realidad, la Convención fue sancionada en el medio de un fenomenal viraje
capitalista, tan enorme en todo el mundo; o sea, estás sancionando una
convención con derechos para un mundo que no correspondía hacia donde iba. En
ese sentido, no fueron un detalle algunas cuestiones que no se pudieron zanjar
en aquel momento pero creo que lo más complejo, en cuento a que era lo que le
iba a dar eficacia, fue decir el “Estado en la medida de lo posible” -que
no era la redacción original-, y finalmente lo que termina saliendo es que todos
estos derechos están todos muy bien, pero el Estado se hará cargo si puede, no
si debe. Y esto yo creo que es lo que ha ido sucediendo. La Convención,
obviamente, que trajo en la Argentina una mirada hacia el niño que fue algo
positivo pero la mayoría de sus derechos están lejos, muy lejos de ser
cumplidos. Hoy estamos, lo digo inclusive como abogada de niños, viendo en la
trinchera como cuesta al mundo adulto darle ese lugar tanto desde los
funcionarios como también de los distintos efectores que van interviniendo.
Pensar en los niños y las niñas como sujetos de derecho, como alguien que
realmente está en condiciones de poder participar de los procesos que le toca
atravesar, que sabe qué quiere, aunque puede ser o no lo que después suceda,
pero esta visión de darle cabida a los pibes y a las pibas es una revolución
cultural. Ahora, el tema de género me recuerda mucho porque también fue una
pelea sobre el lenguaje, no decir menores sino decir niños y niñas, pero en la
práctica esto cuesta mucho porque tiene que ver con un viraje cultural
sumamente profundo. En ese sentido, nosotros siempre decimos que la Convención
es un proyecto de país hermoso y, justamente, si hay algo bello que tuvo la
Convención en relación a otros instrumentos internacionales es que establece la
nueva mirada integral del problema, en realidad lo que dice es que no hay
derechos civiles que se puedan cumplir si no se cumplen los derechos económicos
y sociales. Y esto es tan bello porque es cierto, tampoco podemos plantearnos
cosas si realmente los chicos y las chicas no tienen condiciones para poder
crecer como corresponde. Obviamente en estos modelos económicos tan crueles que
se están imponiendo en el mundo, la dejan como un instrumento bello pero lejos
de poder ser cumplido. En ese sentido es un progreso, porque siempre lo es
nombrar lo que deseamos y cristalizarlo en normativas y demás, pero somos
conscientes que en realidad lo que se requiere acá es un Estado que realmente
le dé lugar a los chicos y a las chicas y no es lo que ha estado sucediendo
durante décadas.
«A mí no me gusta
hablar del tema específico de Argentina sin colocarlo en un contexto
internacional donde es el mercado el que, justamente, coloca a los niños y a
las niñas en situación de suma vulnerabilidad.»
-¿El
resurgimiento del neoliberalismo en la región agravó todavía más la situación?
-Laura Taffetani: Sí,
obviamente, hay etapas que son más cruentas con algunos derechos civiles pero
en el tema económico desde que nuestro país ha tenido una dictadura militar tan
profunda -que colocó al país en condiciones para un cambio del modelo económico
y social-, esta situación fue siempre in crescendo. Hubo etapas con algo más de
alivio o no, pero nosotros tenemos una pobreza estructural y una desigualdad
que nunca ha dejado de crecer: cuando uno ve los números fríos en el sentido de
cuántos ricos y cuántos pobres hay, lo que se llama la curva de GINI, nunca paró
de crecer. Además, es una situación que está entrelazada con un sistema
internacional, por eso a mí no me gusta hablar del tema específico de Argentina
sin colocarlo en un contexto internacional donde es el mercado el que,
justamente, coloca a los niños y a las niñas en situación de suma
vulnerabilidad. Nosotros ya estamos en la cuarta o quinta generación de esa
pobreza y como no se resuelve la situación de fondo, la estructural, lo que te
sucede es que viene cada vez más desarmada cada generación. Entonces estamos
viviendo situaciones sumamente difíciles. Hay territorios en la Argentina donde
es muy difícil pensar que la vida pueda trancurrir: Villa Fiorito, 1 11 14,
Zavaleta, Dock Sud, bueno, son situaciones endémicas donde además circulan
millones de habitantes. Y estoy hablando del conurbano bonaerense, ni hablar en
algunos lugares del interior del país, estamos hablando de muchas generaciones.
Esta etapa ha sido sumamente cruel, no tengo la menor duda, pero la diferencia
con la clase media es que la clase media pasamos etapas en las cuales tenemos
espalda y hasta tenemos cierta perspectiva que va a haber un momento mejor o un
momento peor, pero el que no tiene esa posibilidad, el que no tiene trabajo,
trabajo registrado, eso que organiza a la familia –no hablo de trabajo
abstracto-, sino del trabajo que realmente organiza la familia, que permite
tener perspectivas, que permite proyectar, esto, hay millones de habitantes de
la Argentina que jamás lo han tenido. Entonces, la verdad que es una situación
muy compleja y que requiere de soluciones de fondo. Y no está siendo en el
imaginario social lo que se está planteando, la gente piensa en términos muy
del presente, de resolver ya o con cambios de gobierno. Ojalá esto pudiéramos
resolverlo por una cuestión solo de un cambio de gobierno: ha sido tan brutal
el cambio que ha habido, el viraje, yo lo pienso de mi infancia hasta la
actualidad, que requiere la decisión de una sociedad de decir: vamos a tener
una sociedad donde realmente todos los seres humanos que la compongan accedan a
los mismos bienes y, en ese sentido, los niños y las niñas deben ser nuestra
proyección hacia el futuro. Esto no está porque ni siquiera, a diferencia de
nuestros abuelos y nuestras abuelas –digo en el caso de los que hemos venido de
la inmigración que tenían esa obsesión para que sus hijos no hayan vivido lo
que ellos vivieron-, eso hoy no está, al revés, no hay proyección. Entonces los
jóvenes sobre todo, que son el síntoma mayor, al no tener perspectiva de futuro
es muy difícil que puedan armarse un proyecto de vida digno.
-Da la sensación
no solo que la sociedad los excluye sino que también ubica a los jóvenes más
vulnerados como si fueran un factor de riesgo para la sociedad…
-Laura Taffetani: El
modelo capitalista es un modelo que solo puede dar satisfacción a un sector de
la sociedad, está pensado para eso. En el modelo de consumo que propone –además
de destruir el medio ambiente como lo hace-, obviamente, no cabe toda la
sociedad. Es imposible dar respuesta a esa demanda si tomamos a los millones de
habitantes que deberían acceder. Pensar otra cosa no está en la cabeza de la
gente, entonces ese consumo desmedido le ha dado valor a la propiedad, a los
bienes, mucho mayor que el de la vida. El punitivismo tendríamos que empezar a
revisarlo porque no es una cuestión solo ética sino que tiene que ver con un
modelo de vivir, donde se ve una inseguridad tremenda, que es cierta, porque si
vos generás una sociedad con una desigualdad tan profundo y, además, no das
horizontes de futuro a nadie, bueno, esto es como en las películas cuando uno
ve catástrofes, no sale lo mejor de la gente, sale lo peor. Esta es la sociedad
que nosotros construimos y sus consecuencias, con agravantes, por ejemplo, la
participación de las fuerzas de seguridad en ese mismo mundo delictivo, lo cual
la gente lo sufre porque íntimamente sabe que en todos los robos, en todas las
situaciones de inseguridad, está involucrada la policía, porque ya ha sido
demostrado en casos muy paradigmáticos y está claro que hay zonas liberadas; el
tema del narcotráfico que todo el mundo sabe por donde circula la droga, en que
kiosco se vende y demás, con anuencia de las fuerzas de seguridad… Bueno, es
muy difícil para la gente pensar en otra respuesta que no sea punitiva porque
si toma conciencia de lo que nosotros hemos creado, es para matarnos, entonces
prefiere no tomar esa dimensión. Dicho de un modo simple: es no entender que es
como en cualquier situación familiar cuando un miembro de la familia está mal,
el resto de la familia no va a estar bien hasta que ese miembro empiece a
funcionar y siempre las consecuencias las vas a sufrir. Bueno, esto es igual en
grande y requiere pensar estrategias de muy largo plazo aunque la gente tiende
a pensar siempre en respuestas rápidas y ahí quedamos entrampados, o tiende a
depositar las soluciones en cada gobernante que viene -igual, últimamente, en
la Argentina están pensando más en quién castiga a quién-. Pero más allá de
eso, la gente no se siente partícipe de esto que hemos construido, no se siente
parte, delega y genera esperanzas vanas. Lo digo en el sentido de que nuestras
democracias, en un sistema capitalista tan fuerte, tienen pocas posibilidades
de conducir con éxito a otro modelo de vida; porque eso significa pensar para
adelante, pensar en las generaciones que vienen, donde uno es parte en generar
las condiciones de crecimiento necesario para la construcción de una nueva
sociedad. Pero no se tiende a pensar así, es más, quieren los beneficios ya y esto
es un talón de Aquiles. La respuesta punitiva es como una reacción desesperada
frente a la impotencia y a la falta de compromiso de pensar otro tipo de
soluciones, porque la Provincia de Buenos Aires, en particular, ha sido muy
pródiga en el punitivismo: ha estado Ruckauf, ha pasado la mano dura, la mano
recontradura y está a las claras que esta no es la salida, no ha dado ni mejor
seguridad ni mejor bienestar a la gente, porque la verdadera seguridad es el
bienestar colectivo. Y a vos quien realmente te va a ayudar es tu comunidad,
pero si tu comunidad está metida en un individualismo extremo y no es capaz de
salir por nadie, esa soledad en la que quedamos cada uno es la verdadera
inseguridad. Porque vos podés poner un patrullero cada diez cuadras, pero si
estabas caminando por la octava cuadra donde no estaba el patrullero, la única
cuestión que vos te salvaguarda de cualquier agresión, la que sea -no hablo
solamente de robos también hay otros tipo de agresiones que los chicos y las
chicas sufren en particular-, si nadie salta, esa es la verdadera inseguridad.
Es como en los countries cuando alguien pasa la seguridad perimetral, la
personas quedan mucho más expuestas que en otras situaciones porque están
aislados. Nosotros hemos construido esto en la propia ciudad: estamos aislados,
nadie se compromete por nada.
«La respuesta
punitiva es como una reacción desesperada frente a la impotencia y a la falta
de compromiso de pensar otro tipo de soluciones, porque Provincia de Buenos
Aires, en particular, ha sido muy pródiga en el punitivismo: ha estado
Ruckauff, ha pasado la mano dura, la mano recontradura y está a las claras que
no es la salida esta, no ha dado ni mejor seguridad ni mejor bienestar a la
gente, porque la verdadera seguridad es el bienestar colectivo.»
-¿Creés que la
educación pública sigue siendo una contención importante para nuestro país?
-Laura Taffetani: No,
no lo creo porque la educación pública ha sufrido… en realidad, quisiera
separar: hay jurisdicciones donde sí lo es; en la Ciudad de Buenos Aires el
hecho de no haber entrado en la reforma de la época menemista ha sido realmente
un acierto y ha tenido un deterioro menor que en la provincia de Buenos Aires,
donde eso fue mortal. Esa reforma de aquella época la estamos pagando con
creces porque, lo digo en la cosa más simple, la mayoría de los chicos, las
chicas y las maestras van a escuelas privadas. Y uno no pone al hijo en un
lugar que considera que no corresponde y eso es muy doloroso. Cuando yo era
chica nosotros estábamos los chicos, las chicas y las maestras en la educación
pública porque era otra cosa, actualmente son lugares donde estalla todo el
tema social –uno no puede endilgárselo obviamente a la escuela pública-, pero
también es cierto que no se compagina como para poder llevar esto adelante: las
maestras están agotadas, las directoras estallan, la población que va a la
escuela pública en general es obviamente la que no puede pagar lo privado y
termina a veces siendo depósito, yo lo digo con dolor porque muchos de nuestros
chicos y chicas en Pelota de Trapo, cuando llegan con nosotros, están en quinto
o sexto grado y no saben leer ni escribir. O el tema de la comprensión de
textos, que obedece a circunstancias muy grosas que han vivido en su infancia,
en las condiciones de vida que tienen, pero además la escuela en vez de
receptar y trabajar con esto, se cierra y los chicos pasan de año. La escuela
tiene que entender que nos es un problema de ella sola, es un problema de
todos, entonces tienen que abrir los brazos para estas dificultades trabajarlas
en conjunto con la comunidad. Ahí yo creo que está su solución.
-No parece que
seas muy optimista respecto a que cada vez más se respeten los derechos de las
niñas, niños y adolescentes…
-Laura Taffetani: Para
que se cumplan los derechos de los chicos y chicas tendría que haber un cambio
drástico en lo social. Yo lo digo sinceramente: ahora se crea un Consejo para
poder luchar contra el hambre pero ahí no está el Ministerio de Economía,
entonces son situaciones que están bien, se afrontan, se establecen medidas,
pero las verdaderas medidas que van a resolver esto van a salir del Ministerio
de Economía, no salen, digamos, del Ministerio de Desarrollo Social, Desarrollo
Social acompaña, pero, fundamentalmente, ahí tendrían que estar sentados los
ministerios de Educación, de Salud y de Economía.
-¿Creé que puedan
llegar a participar en la mesa de discusión?
-Laura Taffetani: Debería
ser y podría ser si hay decisión que se haga, porque a veces cuando se hace ese
intento, en la Ley 114 de la Ciudad de Buenos Aires (de
Protección Integral de los Derechos de niñas, niños y adolescentes) el Consejo
establecía que era eso: tenían que reunirse todas las áreas para poder delinear
una política de estado y nunca funcionó porque mandan a cualquiera, no va gente
que tenga poder de decisión. Ya te digo, es una mirada muy difícil de tener si
no se tiene una mirada de sociedad realmente pensada con justicia.
Compartiste
muchos años de trabajo con Alberto Morlachetti que fue una persona muy
destacada en la defensa de los derechos de chicas y chicos, ¿se lo extraña?
-Laura Taffetani: Sí,
trabajé con él casi treinta años de mi vida. Alberto, justamente, yo creo que
el acierto mayor que él tuvo fue colocar la niñez en la política, eso fue muy
profundo, sacarlo del tema de los derechos y colocarlo en el centro de la
acción política. Por eso Alberto siempre planteaba el tema del hambre, en
realidad, cuando Alberto saca la consigna “El hambre es un crimen” lo hace en
relación a generar la contradicción que es inexorable, que en un sistema
capitalista siempre va a haber hambre, es imposible que no haya. Entonces, era
llamar a la conciencia a poder profundizar esto. No como una cuestión
coyuntural que pasamos etapas que tenemos más pobres sino una cosa más
profunda, que tiene que ver con el hambre en forma más profunda, el hambre de
abrazos, el hambre que hace que un chico o una chica no sepan leer ni escribir.
Lo que hoy sucede tiene que ver con todo esto y con una sociedad que ha dado la
espalda a los chicos. Pero no solo con la cuestión punitiva, que es un elemento
fuerte y simbólico, también en otros aspectos ha dado la espalda a los chicos:
no escandaliza las situaciones que viven… Si uno entra a cualquiera de estos
barrios que mencioné u otros más, debería escandalizarnos pero lo hemos
naturalizado, hemos naturalizado la desigualdad, hemos naturalizado la pobreza,
entonces medimos cuánto más o menos la cosa se mueve con indicadores que son
indicadores bastante mentirosos. El tema del trabajo es uno: si yo considero
que la persona que tiene un plan, tiene un trabajo, bueno, es un indicador muy
engañoso.
-También sucede
lo mismo con el Monotributo.
-Laura Taffetani: Tal
cual, tal cual. Y la Asignación Universal que Alberto (Morlachetti) peleó
tanto, que bueno, no fue la que se quiso pero salió y celebramos que eso
suceda, pero era un piso para trabajar la cuestión del hambre, no el techo. No
es que yo diga: bueno, listo, entregamos la asignación y la gente resuelve el
problema.
-También se
observa como la comunicación del mercado logra que hasta gente que es
beneficiaria de los planes sociales tenga un concepto negativo de los mismos.
-Laura Taffetani: Hay
un pensamiento que está muy adentro que es que el pobre es pobre porque es vago
o porque no quiere trabajar, por eso digo que es una matriz que hemos tomado,
tan fuerte, neoliberal, y en la Argentina hemos, realmente, comprado todas las
cuestiones al respecto del sistema capitalista.
-Muchas veces da
la sensación de que nunca pudimos salir del colonialismo..
-Laura Taffetani: Hemos
tenido etapas mucho más bellas de, por lo menos, pensar a la Argentina de otro
modo. Y hemos tenido una dictadura militar que ha borrado todos los sueños,
también a los compañeros y a las compañeras que los sostenían. Pero bueno, en
algún momento hay que empezar a pensar que es realmente posible otro tipo de
sociedad y quizás nos lleve tres generaciones o cuatro construirla. Y tenemos
que tener esa generosidad de poder dar para que otros y otras puedan el día de
mañana continuar esa idea. Lo real es que los cambios profundos van a venir de
la mano de cambios que vengan desde la propia sociedad que se organice de otro
modo.
-¿Creé que la
unidad del campo nacional y popular que se unió para enfrentar al
neoliberalismo pueda ser un punto de partida para algo mejor?
-Laura Taffetani: No,
no creo porque la dirigencia política que hoy se encarna en eso está muy lejos
de pensar… Yo pienso Insfrán y no puedo pensar eso. Estamos hablando que
Insfrán es uno de estos personajes y cualquiera que haya ido a Formosa no puede
pensar que esa persona encarne otra idea que no sea realmente sostener más que
lo que está. Digo, Macri y compañía obviamente han… ellos lo que tienen es que
dicen lo que piensan y actúan en consecuencia, pero Insfrán también lo hace:
andá a ser wichi en Formosa, pasan cosas terribles. O lo mismo ver a Menem
sentado en el Senado… Hay cosas que no puedo avalarlas en ese sentido pero
también sé que los cambios no vienen ahí, esa es gente que ha sostenido el
capitalismo en sus formas dramáticas como la dictadura. Queda claro que ellos
siempre han peleado por otro modelo de país por lo menos contrario a las ideas
que yo tengo e inclusive a las ideas de la Convención. Lo real es que los
cambios profundos van a venir de la mano de cambios que vengan desde la propia
sociedad que se organice de otro modo. Y en algún momento se da, como lo hace Chile.
No sé dónde va a terminar Chile, porque no se sabe, la gente ha dicho basta
pero no está organizada para pensar el futuro, pero es evidente que dijeron
basta. Porque en América Latina este tipo de democracias que han ido
funcionando, han sostenido modelos económicos que no han cambiado de fondo la
cuestión. Yo tengo un profundo optimismo en la esperanza que ha demostrado la
historia en que los pueblos tienen sus momentos terribles pero también tienen
sus momentos en que se iluminen y pueden llevar la dignidad en andas. Pero lo
cierto es que uno lo que ha visto en todo este tiempo es un poco más de lo
mismo y a veces con lenguaje progresista o lo que sea, pero yo veo la Curva de
Gini, siempre. Yo no he visto en las cuatro décadas que me ha tocado vivir
después de la dictadura que Villa Fiorito haya cambiado, es más, ha crecido.
Pero no es solo una cuestión de gobierno, es cuánto nosotros hemos contribuido
para construir otra cosa. ¿Cómo podemos aceptar que tipos como Insfrán o Menem
estén en espacios de decisión en la Argentina? Y lo aceptamos porque hemos
entrado en una cosa tan pragmática de que, bueno, todo vale, que nos hunde. No
puede valer lo mismo gente muy digna, que la hay, que tipos como estos. Yo creo
profundamente en un país digno, en un país justo y, en ese sentido, creo que
esta gente no lo representa. Acá lo profundo, son los cambios culturales que se
tienen que dar, de volver a darle dignidad a la vida humana y eso te lleva
solito a pensar otro modelo de sociedad, pero creo que eso va a comenzar cuando
toquemos fondo. Yo creo que en algún momento se tocará fondo y diremos, como lo
hizo Chile en ese sentido –lo marco porque es una experiencia que está tan
cercana y además fue sorprendente para los propios chilenos-. Lo que se está
viviendo en toda la región te tiene que indignar.
-Resulta
horroroso que gobiernos democráticos saquen el ejército a la calle para
masacrar la protesta social.
Pero bueno, vos fijate que nosotros estamos viviendo en una
Argentina que a veces no se sabés si estás en dictadura porque tenés una
presencia de las fuerzas de seguridad, que ya sabemos todo lo que implica, pero
ese es otro síntoma: el número de gatillo fácil desde la democracia hasta esta
parte ha crecido exponencialmente, nunca cedió y siempre creció. En cuatro
décadas ese número fue creciendo, nunca disminuyó. Patricia Bullrich, porque lo
dice y en su soberbia no tiene empacho en decir cualquier barbaridad y en
utilizarlo como política, lo cierto es que el gatillo fácil viene creciendo
cada año incesantemente. Nunca tuvo alivio. El político piensa: esto me sirve,
reditúa hablar de inseguridad no de los derechos de infancia, hoy me reditúa
eso entonces yo, además, le echo leña al fuego. Por eso digo que son desafíos
muy fuertes pero parten de la concepción de la vida humana y eso es lo que tuvo
Alberto Morlachetti, la primer marcha en grandes distancias, de La Quiaca a
Buenos Aires en 2001, el lema era «Derecho a la Vida» porque para nosotros es
volver a recuperar una visión de vida que es integral, no es solo la
sobrevivencia, sino que hace realmente a pensar otro mundo. Y lo practicamos
acá en Pelota de Trapo, nosotros estamos con la convicción de que si en chico
lo podemos hacer, ni hablar en grande, pero requiere esa decisión. No está
habiendo de parte de los gobiernos la decisión de salir de este modelo -para lo
que se necesita que toda la sociedad te respalde y eso tampoco está, te soy
sincera-. Sería fácil decir: bueno, cambiamos de gobierno y listo. Y no es así,
esa es una visión realmente mentirosa. Acá lo que se requiere es trabajar
realmente para eso, a mí no me importa cuánto pueda avanzar o no, pero si está
encaminado hacia a una sociedad que brinde dignidad a los seres que la
integran. Lo que yo no puedo decir es que voy a ir a Mar del Plata y tomo la
Ruta 8, o tomás la Ruta 2, a lo sumo la Ruta 5, o estás mintiendo. Y lo que ha
venido pasando no es que el modelo económico argentino ha ido hacia la idea de
hacer un cambio más radical, profundo. Lo que es innegable es que el gobierno
que se fue restringió derechos en una forma muy cruel, el anterior había dado
cierto aire pensando más en el consumo, pero lo real es que lo de fondo, fondo,
no se modificó. Y este gobierno tampoco creo, es una versión distinta, pero
justamente tampoco va a apuntar a eso, la clase media se va a sentir aliviada
con lo que venga, pero esta pobreza que no son dos o tres, son millones de
personas, es muy difícil que pueda cruzar el charco a ser considerado
mínimamente un ciudadano.