Germán Abdala aún nos guía
Hace 29 años moría el diputado nacional y secretario general de ATE Capital Federal, Germán Abdala, pero sigue vivo en nuestras luchas.
Tenía solo 38 años y había dedicado su vida a militar en los barrios humildes de Buenos Aires, en el peronismo, en la Asociación Trabajadores del Estado y en su querida agrupación sindical ANUSATE entendiendo la militancia “como parte de un compromiso social concreto, de una mística, de una utopía y de un compromiso de lucha de poder”.
Ingresó en los Talleres de Minería del Estado con veinte años y lideró en su sector el primer Paro contra la dictadura militar realizado por la CGT Brasil en 1979 desafiando la represión militar.
Junto a Víctor De Gennaro, Héctor Quagliaro y muchos compañeros más fundaron la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad en ATE (ANUSATE) para hacer frente a los dirigentes estatales que habían colaborado con la sangrienta dictadura y dar inició a una esperanza vestida de verde.
Con la llegada de la democracia fue elegido secretario general de la seccional porteña de ATE con solo 29 años y ayudó a recuperar y reconstruir un sindicato devastado y sin representatividad.
Su militancia en el Peronismo Renovador lo llevó al Congreso Nacional representando a la ciudad de Buenos Aires y junto con 7 valientes legisladores enfrentó desde su banca las políticas neoliberales del gobierno de Menem, el achicamiento del Estado, las privatizaciones y los despidos injustificados.
Impulsó la ley de convenciones colectivas de trabajo para las y los trabajadores del Estado, bautizada como Ley Abdala, y repudió el indulto a los genocidas desafiliándose del Partido Justicialista.
Luchó contra una grave enfermedad con la misma voluntad que enfrentó la dictadura sin dejar de atender sus compromisos políticos y sindicales.
Su última aparición pública fue para ponerle el cuerpo a la construcción de una nueva opción para todos los trabajadores y trabajadoras que hoy tiene nombre: Central de los trabajadores y trabajadoras de la Argentina (CTA Autónoma).
Murió el 13 de julio de 1993 con la convicción “de que un día el pueblo va a triunfar, de que nací para ser militante de ese pueblo…y de que ese día llevaremos las banderas que hoy llevamos…porque el final del camino es nuestro”
Su lucha, su entrega y su ejemplo aún nos guían y el mejor homenaje que podemos hacerle es concebir el compromiso social, sindical y político de la misma manera que él lo hizo “como un acto de entrega permanente”.