ATE exige la reincorporación inmediata de Paula Ferioli al INAES
La mujer fue despedida tras solicitar una licencia por violencia de género. Desde hace seis años trabajaba con un contrato precario en el organismo.
En un claro acto discriminatorio y
revictimizador, Paula Ferioli fue
despedida del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES). En 2017, la trabajadora –contratada de forma precarizada desde hace seis años-
comenzó a sufrir violencia física y psicológica por parte de quien era su
pareja. Como consecuencia de ello, debió tomarse distintas licencias. A
principios de este año fue la primera mujer es solicitar la licencia específica
por violencia de género en el organismo. Presentó copia de la denuncia a su ex
pareja y otras certificaciones pertinentes para acreditar su situación. Sin
embargo, en junio, a poco de reintegrarse al trabajo, fue avisada
telefónicamente de su inminente despido.
Ferioli es abogada y madre de dos hijos,
quienes están a su cargo, perimetral y botón antipánico mediantes. Pese a su
delicada situación, la mujer es hostigada por parte de las autoridades del
Instituto desde 2018, cuando comenzaron a renovarle el contrato solo por tres
meses, agregando mayor inestabilidad a su difícil situación.
Desde ATE Nacional exigimos su inmediata
reincorporación y denunciamos tanto al INAES como a UPCN, por ejercer y reproducir
la violencia de género en lugar de garantizar y defender los derechos de la trabajadora.
Así, luego de recurrir al
delegado general de UPCN, Mario Uribe, Ferioli contó: “Acabo de hablar con el delegado.
Me gritó que no le interesa mi situación, que mi licencia no le constaba. Según
él, a mi despido lo decidieron otros. Le dije que le fui a hablar por ser mi
delegado gremial y ante mi amenaza de ir a UPCN Central, me empezó a gritar”. Uribe
es, paradójicamente, representante sindical y al mismo tiempo Director Nacional
de Desarrollo y Promoción del organismo.
Luego de esto pidió audiencia al presidente
del organismo, Marcelo Collomb, para conocer con certeza su situación y poder
plantear sus argumentos de defensa. Le dijeron que la iban a llamar cuando el
jerárquico pudiera atenderla. Le habían dicho que no se moviera de su
escritorio y por ello la trabajadora se las arreglaba para buscar a sus hijos
de la escuela y volver a sentarse a su lugar de trabajo hasta la nochecita. Sin
embargo, el contrato terminó el 30 de junio y el 1 de julio se encontró con que
éste había sido dado de baja y ya no pudo ingresar a su lugar de trabajo.
Una vez excluida del organismo, Paula se
enteró de que su jefa, Mirta López, había reunido a sus compañeros de trabajo
para convencerlos de que el despido era justificado por las faltas abundantes y
menor productividad. La funcionaria había terminado sus palabras con un mensaje
amenazador: “a todos se les termina el contrato en diciembre”.
El miércoles 17 de julio a las 12, los
trabajadores y trabajadoras del Instituto se reunirán en una asamblea abierta
en la vereda del organismo (Belgrano 172, Ciudad de Buenos Aires) para debatir
qué hacer en relación a la violencia y discriminación sobre Paula.