13.05.2020

Daniel Godoy: “Hemos puesto a la organización al servicio de una causa nacional”

Entrevista al titular del IDEP Salud de ATE, publicada en la edición especial de mayo de El Trabajador del Estado que salió en formato virtual.

Compartimos esta entrevista a Daniel Godoy, titular del IDEP Salud de ATE, publicada en la edición de mayo de El Trabajador del Estado que, por primera vez desde 1925, salió en formato digital. El IDEP Salud integra, junto al Instituto de Salud y Seguridad (ISSTATE), la Mesa Nacional de ATE Salud y el grupo de paritarixs nacionales, el equipo de seguimiento de la emergencia socio-sanitaria por la pandemia del COVID-19 del sindicato.

Diariamente desde la sala de situación del IDEP Salud se dan
a conocer –en tiempo real- medidas de prevención e información imprescindibles
para entender qué pasa y poder intervenir no solo con el Coronavirus sino también
en lo que concierne al desarrollo del sarampión y el dengue.

En esta entrevista, Godoy brinda un análisis de la situación
que, según resume, “está controlada, más
allá de algunos puntos críticos”
. Aclara que estamos en un momento de mucha
“vertiginosidad y volatilidad de los
datos”,
por lo que señala que lo importante es “formular tendencias cualitativas y siempre desde lo que pasa hoy”.
Si, por ejemplo, mañana hay contagios
masivos en un territorio determinado, todos los indicadores pueden variar
rápidamente y mostrarnos un escenario distinto al que estamos formulando hoy”,

afirma.

¿Cómo está Argentina
a casi dos meses del primer caso de COVID-19?

D.G: En
nuestro país nunca tuvimos una tendencia desventajosa respecto de otros países.
Esto no quiere decir que en sí mismos los datos sean buenos: los fallecimientos
aunque sean menos que en otros países igual son una tragedia. Pero frente a una
situación que es de catástrofe, podemos decir que tenemos indicadores
comparativamente mejores que otros países.

En epidemiología para ver las tendencias se usan mucho las
comparaciones y eso es lo que hacemos en la sala de situación del IDEP Salud. Estamos
monitoreando permanentemente comparaciones entre provincia y provincia, o
mirando la tendencia en América Latina y el Caribe, o lo que pasa a nivel
mundial.

Esto puede verse en
la Sala de Situación del IDEP Salud donde se presentan datos propios
recopilados de fuentes acreditadas, en sus distintos niveles: de Argentina, de
América Latina y el Caribe. Además, en los reportes diarios se introducen esos
datos comparativos, analizando curvas y tendencias en tiempo real que permiten
ver las diferencias entre Argentina y otros países.
El gráfico que puede verse en la galería representa la mortalidad por millón de habitantes a nivel internacional (selección 8 países). 

D.G: En ese
análisis uno se encuentra con distintas variables que son buenas para
Argentina: el número de casos por millón de habitantes, la tasa de letalidad,
la curva de expansión (que está muy por debajo de la mayoría de los países), la
ocupación de camas de Terapia Intensiva (que es muy baja), la curva de curados
respecto de infectados.

También hay similitudes en los patrones de la enfermedad a nivel
mundial como que la mortalidad por encima de los 65 años sigue aumentando
exponencialmente, los varones son un poco más afectados que las mujeres o las
co-morbilidades previas aparecen como un factor agravante.

Estas son tendencias que nos permiten pensar que la
situación no es buena pero que está controlada. Vemos que comparativamente, y
dependiendo del indicador que se mire, estamos hasta dos, tres o cuatro veces,
mejor que otros países.

¿Cuáles son los
aspectos a resolver?

D.G: El
sistema de Salud en Argentina no funciona como tal, es una conjunción de muchos
sistemas con autonomía jurídica, financiera y operacional propias. Por ejemplo,
cada municipio, cada provincia, es un sistema de Salud en sí mismo.  Y se añaden los subsistemas de la seguridad
social y del sector privado. Entonces, cuando el Gobierno quiere asumir el rol
de rectoría se encuentra con muchas dificultades en función de estas
características.

En principio vemos cómo los famosos protocolos o una norma
que emite el ministerio de Salud, luego de pasar por distintas interpretaciones
e interlocuciones, cuando llegan al último rincón del país lo hacen tarde, mal
o no llegan. Ese es un defecto estructural previo a la pandemia, pero que ahora
se ve claramente.

Por ejemplo, cuando uno compara los dispositivos de
bioseguridad en el sistema público y en el privado ve diferencias muy severas
respecto de la provisión y la calidad de los equipos. Un mismo trabajador o
trabajadora de Salud habita al mismo tiempo todos esos sectores, que es lo que
se conoce como pluriempleo, y ese movimiento entre distintas condiciones de
bioseguridad hace que pueda convertirse en un vector de la enfermedad.

¿Qué propuestas se
han hecho desde ATE y el IDEP Salud?

D.G: ATE
Nacional ha tenido una visión integral de la situación. En ese sentido, se ha
trabajado atendiendo una multiplicidad de aspectos: desde la inserción del país
en una economía globalizada desde el Sur y el freno de la actividad productiva
nacional, hasta la urgencia de las familias que están en una situación de
supervivencia, la situación de cuentapropistas, de las trabajadoras y
trabajadores de la economía informal, la de las mujeres y disidencias, de los
adultos mayores, las nuevas dinámicas con el teletrabajo, la problemática de la
salud mental y, por supuesto, el tema del hambre.También se actuó desde la
problematización, armando conferencias, diálogos, intercambiando con compañeros
y compañeras de América latina y el Caribe.

¿Se está dando
respuesta a las demandas y la opinión de lxs trabajadores?

D.G: Desde un
primer momento planteamos que la situación de lxs trabajadores era algo a
atender de forma urgente, integral y agresiva. Incluso presentamos el documento
Bases para un Programa de Preservación
de la Salud de lxs Trabajadores de la Salud
, que entregamos al ministro de
Salud Ginés González García y al Presidente.

Vemos que los actos de Gobierno están priorizando la vida y preservando
el instrumento principal para enfrentar a la epidemia que son lxs trabajadores,
tanto lxs de los establecimientos de salud como aquellxs que realizan
actividades esenciales, que llevan la comida a los barrios, las cuidadoras y
cuidadores de adultos mayores, de los dispositivos de infancia, entre otros. La
rectoría del Estado y las decisiones tempranas que se han tomado nos dan
relativa tranquilidad.

Pero desde un principio planteamos la necesidad de
democratizar la gestión de la pandemia, para que no todo se decida en el ámbito
de consulta de la infectología; sino que haya espacios que den cuenta de la
complejidad de la situación, de la economía, de la situación social, de las
actividades productivas, de los grupos de riesgo y, por supuesto, de los
sectores del trabajo. La democratización e integralidad de esos ámbitos es algo
que hoy todavía no está dado en la dimensión que pretendemos.

Es
importante destacar que estas evaluaciones y proposiciones no las hacemos desde
una actitud pasiva o de queja, sino que nos hemos involucrado fuertemente en
estos procesos, y vamos a seguir involucrados. Hay cientos y cientos de
compañerxs de ATE que, a lo largo y ancho del país, están pensando cosas,
haciendo cosas, involucrándose. Hemos puesto a la organización al servicio de
una causa nacional.

¿Se puede hacer un
análisis de cómo puede evolucionar a futuro el aislamiento social?

D.G: La
cuarentena o aislamiento social va a tener una evolución según cómo evolucionen
los datos epidemiológicos, por ejemplo, en base a esquemas de criterio
geográficos, de grupos de riesgo, actividades críticas para reactivar de
economía, entre otros. Es decir, si determinado municipio no tiene casos, puede
abrirse, pero eso es absolutamente reversible en tanto esa  situación cambie. Es una locura pensar que
porque la economía está en riesgo, hay que poner las vidas en riesgo.

Otro gran problema es
el incierto comportamiento del virus.

D.G: Exactamente,
por dar un ejemplo, se creía que quien se enfermaba quedaba inmunizadx, y luego
el presidente de OMS salió a decir que eso no es seguro, que hay casos de
reinfección. Por esa razón y por todos los aspectos sobre los que venimos
hablando, t
odxs estamos cruzados por una incertidumbre brutal y esto va
a dejar huellas que se van a empezar a ver en el agotamiento anímico, en
distintas formas de violencia, en distintos fenómenos vinculados al uso
indebido de los instrumentos tecnológicos, en la salud física de las mujeres y
diversidades en contextos de encierro forzoso.

Ante este panorama
tan complejo, ¿qué sistema de salud necesitamos?

D.G: Nosotrxs
venimos planteando desde hace mucho tiempo la necesidad de volver a un sistema
único de Salud y, justamente, nos referíamos a un sistema que sea capaz de
abordar estas cuestiones, y no solo para la emergencia.

¿Cuál es el prototipo de sistema para Argentina? El ideal es
que haya un solo dispositivo de prevención, atención y promoción de la salud;
un sistema más federal donde no haya provincias pobres y ricas en lo que
refiere a la atención y preservación de la salud; un sistema más democratizado
con participación de las organizaciones sociales y sindicales en las toma de
decisiones; un sistema que sea más eficiente en la asignación de recursos y en
los sistemas de prevención y promoción de salud; un sistema de salud con
perspectiva de género y de diversidades.

 La idea del Estado como el gran
enhebrador de toda esta situación es el paradigma que debemos construir con
todos los actores del sanitarismo popular en Argentina. El redescubrimiento de
la importancia del Estado ha penetrado en todos los niveles de la sociedad y es
la hora de debatir una refundación del sistema sanitario argentino.

Esto está vinculado a
la idea de soberanía nacional, que es otro concepto que la organización lleva
como bandera…

D.G: La
soberanía es un tema que se ha puesto sobre la mesa, no sólo como una narrativa
revolucionaria sino que se ha corporizado en la vida cotidiana de las personas.
Cuando decimos que es un problema que los países centrales hayan adquirido casi
todo el stock mundial de reactivos, respiradores, entre otros elementos,
restando esta misma posibilidad a los países del Sur, estamos hablando de
soberanía. Es un tema que aparece muy fuerte cuando tu propia capacidad
productiva tiene que poder afrontar una situación. Tenemos una debilidad
crónica en la producción pública de medicamentos, de insumos y tecnología
médica, más aún en el nivel de sofisticación que se necesita.

Lo que pasa hoy es una bajada a tierra muy fuerte que nos
hace entender el concepto de soberanía, o su contrario, el de dependencia. Es
un momento muy oportuno para poner en juego esta discusión.

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