Diego Vargas y la heroica tarea de los brigadistas en Cholila
El compañero, delegado general de ATE, es brigadista en el Servicio Nacional de Manejo del Fuego. En esta entrevista con El Trabajador del Estado, nos cuenta cómo es la patriada de combatir el incendio que mantiene en vilo a la Patagonia. Además denuncia la precariedad laboral, la inocua ropa de trabajo y la negligencia del Estado en pensar políticas de previsión
Diego Vargas es uno de los 31 brigadistas que
componen el Servicio Nacional de Manejo de Fuego. Desde ayer está de franco,
pero mañana deberá regresar a localidad de Cholila en Parque Nacional Lago
Puelo, donde hace quince días un incendio ha devorado alrededor de 20 mil
hectáreas, una superficie similar a la ciudad de Buenos Aires.
“Por las condiciones del incendio
podríamos llegar a tener un mes más de trabajo”, advierte el compañero Vargas. Pero
no sólo el tiempo agrava el terror de los combatientes, sino también la posibilidad
cierta de que el fuego atraviese sólo diez kilómetros y alcance el Parque
Nacional Los Alerces, donde habitan árboles milenarios.
A los más de 30 brigadistas del servicio nacional,
se suman otros cien de los servicios provinciales y parques nacionales, que
combaten un incendio cuyo foco tuvo origen a 200 kilómetros de Esquel, en un
cañaveral de alta montaña, a 1600 metros de altura, de muy difícil acceso.
“Nuestro trabajo es primordialmente manual y se
basa en eliminar todo elemento combustible. Estamos muy cerca del fuego empleando
motosierras que cortan árboles y realizando una línea o faja, como llamamos,
que es un espacio que puede ir desde los 50 centímetros a 20 metros, limpio de
hojas, ramas y acículas”, explica Vargas. “También contamos con grandes
camiones hidrantes que nos permiten llegar a cierto lugares. Nos manejamos asimismo
con motobombas que se sirven de algún canal o lago”, agrega.
Altruismo
Para el incendio en Cholila, Vargas cuenta que les
entregaron “pantalones ignífugos pesados como un poncho, rústicos además, que no nos permiten
trabajar correctamente. Con las camisas sucede algo similar. Los borcegos son aptos,
pero están en un estado calamitoso, hace más de dos temporadas que los tenemos,
cuando cada temporada o temporada y media deberían ser reemplazados”.
La brigada nacional se asienta en
el límite entre las provincias de Chubut y Río Negro. Vargas, como otros
compañeros del sistema nacional, vive en El Bolsón. Todos por igual, son
trabajadores anualizados. Es decir, que su contrato con la Secretaria de
Ambiente de la Nación, dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros, se
renueva cada doce meses. Son trabajadores precarizados.
Por su parte, los sistemas provinciales de manejo
del fuego, como Parques nacionales, tienen sólo un 60% de trabajadores en
planta permanente. El resto también es anualizado. “Incluso hay provincias que
contratan brigadistas por sólo tres o seis meses y ganan un promedio de 6 mil ó
7 mil pesos. La entrega de ropa no se realiza en tiempo y forma. En la
subcentral de incendio de Las Golondrinas, los compañeros tienen letrinas, no
baños”, revela Pablo Gatti, Secretario General de ATE Comarca Andina.
Hace unos días, el flamante Jefe de Gabinete de la
Nación, Aníbal Fernández, echó a Jorge Barrionuevo, quien coordinaba el Sistema
Nacional de Manejo del Fuego. El despedido, militar retirado de la Fuerza
Aérea, había sido denunciado por ATE en varias oportunidades, por sus aires de
patrón de estancia.
“Barrionuevo pretendía una gestión de trabajadores silenciados,
que respondiéramos como soldados. Si reclamábamos cosas lógicas como el pase a
planta o el reconocimiento de insalubridad de nuestra labor, nos extorsionaba
con no renovarnos el contrato”, explica Vargas.
“En nuestros contratos figuramos todos como
asesores técnicos. Algunos tenemos gente a cargo, pero no se nos lo reconoce tampoco
en lo remunerativo. Barrionuevo nos exigió firmar una declaración jurada que detallaba
nuestro horario de trabajo de lunes a viernes de 10 a 16. Algo muy alejado de
la realidad y que podría traernos problemas con la ART si sufrimos un accidente
un sábado o domingo”, añade el compañero.
La lucha
Los brigadistas nacionales se trasladaron a
principio de año a Chile en dos oportunidades. Así lo hicieron también en 2014.
Desde su creación en 1996, fueron a Brasil, dos veces más a Chile y a Paraguay.
Dentro de la Argentina, están donde se los necesite.
Hace más de nueve meses vienen
reclamando estabilidad laboral y mejores condiciones de trabajo, un convenio colectivo
para el sector, aumento salarial y pase a planta permanente, la puesta en
condiciones de los lugares de trabajo y del parque automotor, la entrega en
tiempo y forma de la ropa de trabajo. Si bien se abrieron algunas mesas de
discusión, hasta el momento las negociaciones con el sector patronal fracasaron.
Varias paradojas arroja la
tragedia que sacude al medio ambiente, los pueblos y sus trabajadores. Por un
lado, la sospecha de los negocios inmobiliarios como móviles del origen del fuego.
Por otro lado, el maltrato de los Estados hacia sus rescatistas, al privarlos de
los derechos laborales constitucionales. Por último, la negligencia del Estado
nacional en realizar
campañas de prevención, limpieza, construcción de caminos de acceso a lugares
muy riesgosos, localización de fuentes de agua.
“El Estado nacional no tiene aviones hidrantes, los
que ves por la tele son los aviones fumigadores que tienen serios defectos: el
agua que pueden trasladar es poca y no pueden reposar sobre lagos, demorando su
recargara en aeródromos. La única vez que Argentina tuvo un avión hidrante
alquilado fue en 1987”, recuerda Pablo Gatti.