11.04.2014

El adiós a un grande

<h3 class="MsoNoSpacing" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; background-position: initial initial; background-repeat: initial initial;">Alfredo Alcón será recordado, sin duda, como el primer gran actor argentino: protagonista de piezas en teatro, cine y televisión aquí y en el mundo. El mejor entre los nuestros, intérprete inigualable de los textos de Lorca, Shakespeare, Ibsen, Miller, Tennesse Williams, Becket y Villoro. Fue dirigido por otros grandes, como Margarita Xirgu, Carlos Gandolfo y Omar Grasso. Quedará en la memoria de los argentinos, seguramente, como el encarnador de figuras populares: personificó a Martín Fierro, San Martín y Martín de Güemes. Nació en 1930, vivió su infancia en Ciudadela, trabajó en 46 obras teatrales y más de 40 películas. Nos dejó físicamente durante la madrugada de hoy en su casa de Palermo. Sufría una insuficiencia respiratoria.  </span></h3>

Transitó sus primeros pasos actorales por la senda del galancito: Tita Merello, Graciela Borges y Mirtha Legrand fueron algunas de sus parejas artísticas, aunque sin duda la dupla más exitosa la compuso con Leopoldo Torre Nilsson, quien lo dirigió en Un guapo del 900; Martín Fierro; El santo de la espada; Güemes, la tierra en armas; Los siete locos y Boquitas pintadas. Alcón revalidó aquellos trabajos años después con Nazareno cruz y el lobo, dirigida por Leonard Favio en 1975.

Años después el que se atrevió a dirigir fue él. Los títulos Los caminos de Federico; Homenaje Ibsen; ¡Shakespeare todavía!; y Final de partida provienen de esta etapa de su carrera. Su última obra fue Final de Partida, de Beckett, la que además protagonizó junto con Joaquín Furriel en 2013.

Alfredo Alcón fue un gran maestro, aunque él haya dicho que “el que se cree un maestro es un pelotudo”. Una definición de humildad, como aquel gesto, durante fines de los ’90, de visitar la Carpa de la Dignidad Docente, frente al Congreso.

 

Prensa ATE – 11/04/13

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