18.05.2020

El Malbrán y la soberanía sanitaria

Dos nuevos tests desarrollados en el Instituto Malbrán reafirman su rol fundamental.

La pandemia ha dejado en
evidencia, como pocas veces, la importancia fundamental de las políticas
públicas. Dentro de esto, el Instituto Malbrán es a su vez un eslabón clave en
el sistema sanitario. “El Malbrán es el auxiliar del Ministerio de Salud para
la toma de decisiones más importante que tiene. Somos un organismo que es la
bisagra entre la ciencia y la salud”, explicó Flavio Vergara en diálogo con Al
Frente. Flavio es técnico virólogo y es integrante de la conducción nacional de
ATE.

Trabajador del Instituto
desde hace 30 años expresó que sienten “mucho orgullo” por las valiosas tareas
que están desempeñando. “Plenos, de poder estar haciendo lo que siempre se hace
y que no siempre se ve. Y con un enorme desgaste producto de jornadas muy
largas de trabajo, de doce horas diarias. Ahora va a volver a doce o más porque
estamos haciéndonos cargo del diagnóstico de los casos de Capital, de la 31 y
de la 11-14, donde sabemos que la tasa de infección está siendo muy alta. Nos
sentimos orgullosos y con mucha presión”, agregó; si bien aclaró que él ahora
no está cumpliendo tareas dentro de laboratorio porque tiene a su cargo la
responsabilidad de negociación colectiva con el Estado nacional, como parte de
la conducción nacional de ATE.

Un tema obligado, dentro
de la charla, fue la campaña mediática contra los más de mil testeos rápidos
realizados para investigación epidemiológica en la CABA (ver “Uno sospecha que
hay mala intención”). Aclaró que el Instituto Malbrán chequeó los kits de
testeo rápido provenientes de China; y que comprobaron que sirven “para saber
si estuviste enfermo, no si te estás enfermando”. Es decir: efectivamente
sirven para estudios epidemiológicos realizados, aunque no para diagnosticar un
enfermo. Entonces destacó los desarrollos nacionales: “Hay en marcha otros dos
diagnósticos puestos en consideración por el Malbrán”.

 

Dos
testeos desarrollados en el Instituto

Sobre los testeos
desarrollados en el Malbrán, Vergara explicó que “con el virus aislado se
trabajó en hacer dos métodos diagnósticos tradicionales que son la
inmunofluorescencia y la hemaglutinación: son dos técnicas diferentes de
diagnóstico”. Precisó también que con estas técnicas se chequearon los kits
rápidos importados de China.

Estos dos desarrollos
propios de diagnóstico “están dando bien, aunque faltan algunas fases de
prueba. Podría suplir o acelerar algunos procesos en algunos momentos.” Son más
rápidos que el test PCR utilizado mundialmente, aunque “es para hacer en
laboratorio también”. De todos modos, aclaró que la técnica fundamental para
determinar si una persona está enferma o no (diagnóstico clínico) “va a seguir
siendo la PCR”.

Por otra parte,
desarrollado en otros institutos públicos, ya está aprobado por ANMAT el test
bautizado como “COVIDAR IgG”, logrado en tiempo récord por el equipo de Conicet
e Instituto Leloir que dirige Andrea Gamarnik. Este logro de la ciencia
argentina puede servir para estudios epidemiológicos y medición de cantidad de
anticuerpos, aunque no para diagnóstico clínico de un paciente.

 

Soberanía
sanitaria

“Al principio fue muy
duro”, recordó. Y enumeró los pasos que se fueron dando. “Lo primero que se
hizo fue ver con qué reactivo se contaba para poder hacer un diagnóstico.” Al
comienzo se hacía diagnóstico por descarte. Luego la OMS dio una capacitación
en Brasil, “donde se repartieron los primeros reactivos para hacer el
diagnóstico. Estoy hablando de reactivos para 500 determinaciones, eso es lo
que había.” Y se puso a punto esta técnica denominada PCR. Aún en la escasez,
esto fue posible porque lxs trabajadorxs y profesionales del Malbrán
sobrevivieron al vaciamiento macrista.

Luego, la segunda fase
fue la de “expandir la capacidad operativa en el territorio nacional. El
laboratorio de virus respiratorio del Malbrán es el centro nacional de
referencia y la referencia para la OMS también. (…) Y empezamos a capacitar a
35 laboratorios, a los que se les proveyó insumos, se les reparó el
equipamiento y se los puso a trabajar a la par con nosotros”.

Con el diagnóstico del
PCR, se aísla el virus y “se replica en un laboratorio de máxima seguridad que
tenemos nosotros”. Y con eso, a su vez se logró obtener la secuencia genómica,
esto es: “identificar las cepas circulantes en el país hasta ese momento”. Se
logró la “identificación de la imagen del virus con el microscopio
electrónico”. Y se trabajó en hacer los métodos diagnósticos mencionados.

Todo esto es parte de la soberanía
sanitaria, que definió como “la capacidad de los pueblos y las naciones de ser
autónomos en cuanto a su propia producción de conocimiento, producción
científica y de insumos para la salud.” Porque “la producción de conocimiento
permite saber qué medidas tomar”, cuestión que se ha mostrado tan fundamental
ante la pandemia. Más aún cuando ha quedado tan en evidencia el desastre que
hubiera significado copiar el mal ejemplo yanqui o de Bérgamo en Italia.

Reconocimiento
obligado

El gran ejemplo del
Malbrán puso en evidencia también la necesidad imperiosa de revalorar a sus
trabajadores, moral y económicamente. “Reclamamos el reconocimiento de la
función científico-sanitaria, que no está dado. Del grupo que trabajan en
gripe, hoy que son 11 trabajadores, 8 son precarios. Los técnicos [que
ingresan] cobran 26 mil pesos de bolsillo; y los profesionales que recién
empiezan cobran 37 mil. Cuando vino Alberto Fernández, que tuvimos la excelente
situación nunca vivida por nosotros, que a las puertas del Malbrán nos visite
un presidente, y que valore nuestra función, le pudimos decir esto. Y quedó
como un compromiso que tenían que resolver. Estamos esperando, todavía, y lo
vamos a seguir haciendo, insistir en que se reconozca esto mediante una mejora
salarial que permita que no tengamos, cuando menos, trabajadores bajo la línea
de pobreza”.

A la vez resaltó que “la
crisis es general. Nosotros venimos de un golpe, lo que dejó el macrismo.
Fueron cuatro años de maltrato, de recortes sistemáticos. De despidos. De
destrucción del sistema público en general. Nosotros perdimos en este período
el 10% de personal producto de jubilaciones no reincorporadas; y de gente que
se fue a buscar otro lugar de laburo. Perdimos el 65% de salario en esos cuatro
años. Y perdimos el 50% del presupuesto en términos operativos. No tuvimos
plata para obras y equipamiento en los dos últimos años. Ni para reparación de
equipos. Una de las cosas que pasó fue la parálisis de la producción de la
vacuna de fiebre hemorrágica argentina, en el instituto de Pergamino, que
depende del Malbrán. Y lo otro fue, por ejemplo, el microscopio electrónico que
hace dos años que se rompió. Tuvimos que ir a trabajar a la universidad para
poder hacer ese diagnóstico, la imagen del virus, con un microscopio prestado.”

Los avances logrados en
el país “quiere decir que tenemos un acumulado de conocimiento y de capacidad
intelectual de altísimo nivel. Y que, con pocos recursos y con la dirección
política correcta, estamos en condiciones de, en muy poquísimo tiempo, tener
capacidad de desarrollo, innovación inmediata y capacidad de producción. Esto
empezó en diciembre. Quiere decir que la Argentina tiene un lugar, que lo
conserva a fuerza de convicción y capital humano, que es el mismo capital humano
maltratado y diezmado por el neoliberalismo”.

 

Covid
y después

“El Estado está presente
en todos lados”, insistió. Porque “sin Estado estaríamos hecho pelota. Seríamos
Brasil. Y la verdad es que es un orgullo que nosotros podamos cumplir esa
función al servicio de la gente. Y es un orgullo que la política del gobierno
nacional indique este camino de priorizar la vida y la salud de la gente y no
los negocios del mercado. Eso para mí es un enorme valor. Y después de la
pandemia es la discusión que se viene.”

“Cuando pase la crisis de
la pandemia, nosotros no podemos volver a la normalidad de ricos cada vez más
ricos y pobres cada vez más pobres. Tenemos que discutir cuál es el sistema que
necesita nuestro pueblo y qué necesita en todo caso la población del mundo para
poder vivir con dignidad. Aunque sea una tarea más larga que la de un
laboratorio.”

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