El Nieto 128 recupera su identidad y su historia
Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron hoy la recuperación del Nieto 128, hijo de la militante desaparecida Rosario del Carmen Ramos.
“Este es otro gran triunfo de la perseverante lucha que
llevan adelante las Abuelas de Plaza de Mayo y otras organizaciones de Derechos
Humanos. Desde ATE expresamos nuestra alegría por esta gran noticia y sentimos
que sirve de aliento para no bajar los brazos en estos tiempos de resistencia y
de lucha en la calle”, dijo el referente del área de Derechos Humanos de ATE
Nacional, Héctor ‘Pelusa’ Carrica.
Comunicado de Abuelas
de Plaza de Mayo:
Abuelas de Plaza de Mayo celebra el encuentro de otro nieto
que durante 42 años vivió con su identidad cambiada. Hijo de Rosario del Carmen
Ramos, Marcos nació en San Miguel de Tucumán, donde ambos fueron secuestrados,
él con casi cinco meses de vida. Ayer, el nuevo nieto conoció la noticia y se
encontró con su familia que lentamente, junto a las Abuelas de Plaza de Mayo,
lo ayudará a reconstruir su historia e identidad.
Rosario del Carmen
Ramos
Rosario nació el 6 de octubre de 1948 en El Diamante,
Santiago del Estero. Tenía ocho hermanos y una hermana y su familia la llamaba
“Charo”. Ya en Tucumán se casó con Ismael Amado Suleiman, con quien tuvo a sus
dos primeros hijos: Ismael y Camilo. Rosario era una activa militante del PRT.
Luego de separarse de su marido, fue secuestrada a principios de 1976, estando
embarazada, en un operativo realizado por las fuerzas de seguridad en la zona
del viejo cargadero de caña de la localidad de San José. La mantuvieron cautiva
varias semanas hasta que fue liberada. Su tercer hijo, Marcos Eduardo Ramos,
nació el 9 de junio de 1976.
En noviembre de 1976, fuerzas de seguridad realizaron
operativos ilegales en la capital tucumana y secuestraron a Rosario del Carmen,
que partió con destino desconocido en un Ford Falcon blanco. Camilo en ese momento
se encontraba al cuidado de su padre, pero Ismael y Marcos, que vivían con su
madre, fueron llevados a una casa quinta ubicada en Tafí Viejo. Esa fue la
última vez que Ismael vio a su hermano menor. Luego de permanecer una semana
allí, Ismael fue trasladado a otro domicilio en Tucumán, del que escapó muchas
veces, hasta que en una ocasión logró ubicar a su tío paterno, quien dio aviso
sobre su paradero al padre del niño. Así lograron recuperarlo. Desde entonces
sabe que tiene un hermano menor que fue secuestrado. Rosario continúa
desaparecida.
La búsqueda
Ismael se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la
identidad (CONADI) en 1999 y contó que en 1976 había sido secuestrado junto a
su hermano y su madre y que nunca más había sabido de ellos. Por otra parte, en
2013 se recibió una denuncia en el Fondo Permanente de Recompensas del
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, con información que
señalaba a un joven como hijo de desaparecidos, apropiado por una persona
imputada por crímenes de lesa humanidad en la provincia de Tucumán.
Estos datos novedosos fueron entregados a la Unidad
Especializada para Casos de Apropiación de Niños durante el Terrorismo de
Estado, del Ministerio Público Fiscal, que inició una investigación para
profundizar los datos contenidos en la denuncia. Tras verificar que resultaba
probable que el joven efectivamente fuera hijo de desaparecidos, remitió la
investigación a la Fiscalía Federal N° 1 y a la Oficina local de la
Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad de Tucumán, quienes a su vez
dieron intervención al Juzgado Federal Nro. 1. Así se pudo encontrar a Marcos,
quien accedió voluntariamente a realizarse los exámenes de ADN en el Banco
Nacional de Datos Genéticos, luego de que el juez ordenara tomar las respectivas
muestras.
Tucumán
Marcos es el segundo nieto restituido en esta provincia. Las
fosas comunes descubiertas e investigadas allí en las que se identificó a más
de un centenar de desaparecidos y desaparecidas, junto a la comprobación de la
existencia de un capítulo local del plan sistemático de apropiación de niños y
niñas, vuelven a colocarla ante la evidencia del horror. El caso de Marcos
debería contribuir a acabar con el negacionismo, la justificación y el olvido
que subsisten en parte de la sociedad y, en particular, en Tucumán. También,
demuestra la importancia de fortalecer a los organismos que desde el Estado
intervienen en el esclarecimiento de estos delitos de lesa humanidad.
Pero, además, es indispensable la ayuda de la sociedad: solo
así podremos saber dónde están nuestros nietos y nietas y qué pasó con nuestros
hijos e hijas. La restitución de Marcos es fruto de datos nuevos a los que
nunca habíamos accedido. Nuestros nietos y nietas pueden estar en cualquier
rincón. Cualquier información, por insignificante que pueda parecer, quizá
resulte la pieza faltante para dar con uno de ellos. Lejos de hacer daño o
meterse en asuntos privados, serán protagonistas de sanar parte de la historia
de nuestro país que aún duele. Los nietos y nietas lo agradecerán. Y aunque
muchas Abuelas ya no estén, las familias, motorizadas por su lucha, podremos
lograr ese abrazo postergado.