Felisa Lemos: médica revolucionaria
Médica epidemióloga, ex combatiente de la Revolución Sandinista, parte del Centro de Jubiladxs de ATE Rosario. A sus 82, aún sueña con la revolución.
Tienes
82 años, es médica epidemióloga, alfabetizadora, ex combatiente de la
Revolución Sandinista, “ciudadana destacada” por la legislatura rosarina e
integrante del Centro de Jubiladxs de ATE Rosario. Una militante de toda la
vida que aún sueña con la Revolución.
*Nota publicada en El Trabajador del Estado de noviembre. Click acá para descargar.
Felisa nació en Goya (Corrientes) allá por 1938
en una familia muy estricta y conservadora. Ya de pequeña entendió lo que se
esperaba de ella: que sea fiel esposa, ama de casa y maestra como su madre.
Siguió el mandato familiar al pie de la
letra y se recibió de docente en la Escuela Normal con medalla de oro sin
faltar un solo día a clase. Pero su espíritu rebelde y su gran sensibilidad
socialla llevaron a romper con su destino.
En 1956, escapando del clima represivo de
su casa, se fue a Buenos Aires para estudiar medicina en la UBA aprovechando el
albergue que le dio su tía. Allí para solventar sus estudios trabajó de
oficinista, cajera, limpiavidrios, vendedora de libros y hasta de promotora de
espectáculos musicales. Actividad que le permitió trabar amistad con una joven Mercedes
Sosa y el gran poeta Tejada Gómez.
Su vida cambió: “Aprendí a divertirme, a militar políticamente y a tener amores”
como declaró en un reportaje muchos años después. Se afilió al Partido
Comunista en el 61 y activó en los barrios de Buenos Aires haciendo pintadas
por la Educación Laica, participando en tomas de facultades, protestando contra
la invasión yanqui a Santo Domingo y estudiando a Marx.
Se recibió de médica en 1967 y siguió formándose
en el Instituto de Investigaciones Médicas Alfredo Lanari donde se especializó
en enfermedades autoinmunes y se recibió de epidemióloga. Paralelamente ganaba
experiencia en guardias médicas en las barriadas humildes de Laferrere.
Pero el terruño fue más fuerte y se fue a
trabajar a los Esteros del Ibera en las correntinas localidades de San Miguel y
Loreto, antiguas misiones guaraníes de los jesuitas, donde no había luz ni agua
potable: “quería ayudar a los desprotegidos de mi tierra”.
Allí se formó como persona y como médica.
Aprendió a respetar la cultura de los pueblos originarios, sus viejas leyendas,
su idioma y descubrió que “quién más sabe
de la enfermedad es el que la sufre”.
Se trasladaba a caballo para hacer sus consultas recorriendo distancias
de hasta 35 km y atravesando los esteros con un “pasero” (caballo baqueano para
andar en el agua) y cada vez que llegaba a una nueva población causaba conmoción
por ser médica y mujer.
A sus conocimientos universitarios le sumo
la sabiduría de curanderos y de parteras empíricas y su marxismo se afianzó al
ver la explotación de los grandes estancieros y los sueldos miserables que pagaban
con vales.
En Corrientes Capital fue nombrada coordinadora
de Salud Pública y recorrió toda la provincia hasta que le ofrecieron el cargo
de directora del Hospital de Goya. Ya había dejado el PC por las críticas del
partido al Che Guevara y la Revolución cubana y decide afiliarse al Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT).En esos años abre elcentro de salud “Che
Guevara” en el marginal barrio San Ramón y conoce a Enrique, un fraile laico
francés que con los años se convertiría en su esposo. Por esos años obtiene una Maestría en Salud
Pública en la UBA.
Tras el golpe del 76 se refugia en Buenos
Aires y lucha por la libertad de su compañero, detenido por los militares,
hasta que con el apoyo del consulado francés logra su liberación y se exilian
en Francia donde se casan.
Allí rinde las equivalencias para ejercer
la medicina, aprende francés, vive en una casa tomada y sigue militando en
solidaridad con los pueblos que sufrían las dictaduras. Su propia casa se
convirtió en un refugio de latinoamericanos exiliados.
En el 79, atraída por la revolución
sandinista, se traslada a Nicaragua y elije Matagalpa para ejercer como médica
en una zona “donde no había salud, ni
escuelas, ni caminos”. Se integra al Frente Sandinista de Liberación
Nacional, participa de las milicias populares (donde fue herida), hacecampañas
de alfabetización y se convierte también en secretaria del Sindicato de
trabajadores de la Salud.
Por sus esfuerzos y compromisos
revolucionarios fue condecorada por el gobierno, por el sindicato de la salud,
por la brigada alfabetizadora y por los trabajadores del campo. Tras la derrota
electoral que acabó con el proceso revolucionario, volvió a la Argentina con su
hijo nicaragüense.
Se instala en Rosario en 1991 para trabajar
en Salud Pública y volvió a la militancia en diversos espacios de DD.HH,
movimientos de mujeres, asambleas barriales y en el MULCS (Movimiento de Unidad
Latinoamericana).
En octubre del 2018, a propuesta de la
concejala Celeste Lepratti del Frente Social y Popular (hermana del querido
Pocho Hormiga) es declarada Ciudadana Distinguida de la ciudad de Rosario por
su “coherencia política, compromiso y trayectoria profesional” ante la
presencia de su familia, amigos, el embajador nicaragüense en Argentina y los
compañeros de ATE y CTA.
Hace poco se afilió al Centro de Jubiladxs
y Pensionadxs de la seccional ATE Rosario y se anotó en los cursos virtuales de
la Escuela Sindical Libertario Ferrari que da la Secretaría de Formación de ATE
Nacional.
Sigue adelante con su vieja costumbre de “Amar, trabajar, militar y estudiar
simultáneamente” y con una esperanza que no cambia: “cuando pienso en el futuro, pienso que quiero estar viva y lúcida para
ver la revolución”.