Gabino Díaz: Una militancia de seis décadas
Protegió la sede de ATE Salta de las garras de la dictadura, formó parte de la primera conducción de la ATE recuperada, integra el Centro Nacional de Jubilados con 84 pirulos y lleva 60 años militando.
Por Honoris
“Me llamo Florencio Gabino Díaz y soy nacido en el 37 en Rosario de Lerma pero, según me contó mi padre, a los 6 meses de haber nacido nos vinimos a Salta Capital donde viví toda mi vida.
Perdí a mi padre cuando tenía 11 años y tuve que dejar la escuela en 4° grado para emplearme como cadete y ayudar a mi madre. Éramos 6 hermanitos. La mayor de 12 –que empezó, tras dejar la escuela también, a oficiar de mamá de sus hermanos- y la menor de 2 añitos.
Como de cadete de Farmacia se ganaba muy poco, acepté la invitación de un vecino para aprender el oficio de yesero y ayudarlo en sus obras, arriba del andamio, haciendo cielorrasos. Era un trabajo duro y bastante sucio que no me gustaba mucho pero se ganaba bien y podía ayudar a mi madre. Tenía 14 años.
Años después, gracias a un vecino, viejo militante de ATE, pude entrar por concurso al INTA de Cerrillos en el año `59 con 22 años. Mi primera tarea fue servir el desayuno a todos los empleados de la parte administrativa. Siempre vestido con mi guardapolvo gris, un poco para no ensuciarme y, otro poco, para tapar mi ropa que era muy humilde.
Por esa época yo jugaba al básquet en el club 9 de julio y, como habíamos salido campeones de un torneo, en el diario salió una nota con una foto del equipo y otra mía. Eso me hizo ganar popularidad en el INTA y al poco tiempo el compañero Vétori, el que me hizo entrar, me propuso para ser delegado. Días después, en una asamblea con la presencia de más de 250 compañeros, me eligieron por aclamación como delegado suplente.
Luego me invitaron a participar de las reuniones de la Comisión Directiva, en calidad de oyente, y de a poco, y siempre escuchando y aprendiendo calladito, me fui formando como representante de mis compañeros. Era el único joven de un grupo donde todos peinaban canas.
A partir de allí fue creciendo mi compromiso y mi responsabilidad. Al poco tiempo fui elegido Vocal de la Comisión Directiva y comenzaron a darme permisos en el INTA para visitar otros sectores. Era una época donde en ATE solo se afiliaban los trabajadores del Estado Nacional y teníamos seccionales en Gral. Güemes, Orán y Tartagal.
En la siguiente elección en ATE fui elegido secretario de Finanzas y ocupé ese cargo durante mucho tiempo hasta que asumí como secretario General, meses antes del Golpe de Estado. Ni pude ni calentar la silla. Pocos meses después fui dejado cesante por la ley Prescindibilidad pero nunca dejé de ir al sindicato.
Lo primero que hicieron los milicos al venir a ATE fue pedirme los libros que, ya desde la época de secretario de Finanzas, llevamos en forma impecable. Después pusieron una guardia de soldados apostados en la entrada con armas largas que revisaban a cada uno que entraba. Que no eran muchos porque los compañeros tenían miedo de venir al gremio.
NOTA PUBLICADA EN EL TRABAJADOR DEL ESTADO DE AGOSTO. CLICK PARA DESCARGAR.
Con el tiempo fue relajándose la guardia en el local nuestro y los compañeros lentamente comenzaron a venir al sindicato. Mientras tanto teníamos reuniones medias clandestinas con los compañeros de las 62 Organizaciones y la CGT. Hacíamos correr la voz de que nos íbamos a reunir en un lugar y lo hacíamos en otro.
Con la llegada de la democracia, no pude reincorporarme en el INTA pero logré entrar como empleado provincial a Salud Pública en un momento donde los provinciales ya se estaban afiliando también a ATE.
Ganamos las elecciones del 84 con la Lista Verde ANUSATE en Salta y yo fui elegido como vocal del Consejo Directivo Nacional de ATE hasta el 87.
Luego fui secretario Administrativo y más tarde pasé a integrar el Centro de jubilados de Salta. Ahora, con 84 años, soy el primer suplente de la Comisión Revisora de Cuentas del Centro Nacional de Jubilados y Pensionados. Hace más de 60 años que estoy afiliado a ATE…y me queda mucho para dar”.

El hombre de ANUSATE en Salta
En el libro “Un cauce. Orígenes de ANUSATE” de Marcelo Paredes se narra la lucha que llevó adelante Gabino Díaz para que los militares no se queden con el local de ATE Salta.
La sede de ATE, una vieja y hermosa ex escuela de la época de Perón, fue usada durante la dictadura militar para actividades que poco tenían que ver con el sindicato. Además, los militares amenazaban con quedarse con el edificio. Por esa razón, Gabino llevó adelante una campaña juntando firmas entre los trabajadores del Estado Nacional y consiguió preservar la historia sede.
También, junto a otros estatales salteños, asumieron formalmente el compromiso de trabajar codo a codo con ANUSATE para recuperar el sindicato de manos de los que habían colaborado con la Dictadura.