Hilda Fredes y la batalla por la memoria y la justicia
En el Concejo Deliberante de Trellew, la compañera de ATE, retiró el cuadro de un edil represor condenado y subió el de su compañero desaparecido.
La legislatura de la ciudad de Chubut, según la resolución
99/2020 decidió bajar el cuadro del ex
edil Tito Nichols, condenado por participación secundaria en el secuestro y la
desaparición de quién fuera el compañero de Hilda, el docente y militante comunista Ángel
Bel.
Acto seguido, el presidente del cuerpo, Juan Aguilar invitó
a la presidenta del Centro de Jubilados y Pensionados de ATE Trellew y a su
hijo, Pablo, a que sean los encargados de subir en su lugar el de Ángel Bel.
La resolución se basó en el fallo del Tribunal Oral Federal
en lo criminal de Comodoro Rivadavia quién determinó que Nichols “fue jefe de
Comunicaciones de la Policía de Chubut durante la última dictadura militar
ocurrida en Argentina donde realizaba investigaciones de aquellos ciudadanos y
ciudadanas que se involucraban en actividades políticas, sindicales y
estudiantes. Desde dicho cargo, aportó información a Nación sobre Elvio Bel a
fin que las Fuerzas Armadas lo secuestraran y posterior desaparición por ser
considerado un enemigo. Nichols fue un engranaje necesario en la represión
ilegal”.
El retrato de Bel ocupará el sitio hasta que la sentencia
quede firme y, entonces, se emplace nuevamente otra placa que mencione a los
ediles elegidos para el período 1999-2003. Pero en ella aparecerá la referencia
al ex comisario con la leyenda “Tito Nichols, condenado por el delito de lesa
humanidad por el secuestro y la desaparición forzada del militante comunista y
docente, Elvio Ángel Bel.”
Detrás de este acto de justicia está la larga lucha de Hilda
y su hijo que fue narrada en una nota publicada por El Trabajador del Estado en
noviembre de 2017.
Hilda Fredes: la memoria de Ángel
Hilda, hija de una familia de Río Negro instalada en Trelew,
era una jóven trabajadora textil cuando la industrialización se instalaba en el
valle de Chubut.
Ángel Bell era un docente entrerriano al que le tocó hacer
la colimba en el sur y le gustó la Patagonia. Se radicó también en Trelew donde
ejerció la docencia rural sin abandonar su compromiso político con el Partido
Comunista.
Se conocieron en el sindicato de los textiles donde ella
militaba como delegada de fábrica y él colaboraba en la formación de cuadros,
allá por el año 66. Se enamoraron, fueron novios y luego esposos.
El maestro yiraba de escuela en escuela sin alcanzar
estabilidad laboral por sus ideas políticas. Ella, comenzaba a interesarse en
el sindicalismo y abrazaba también los ideales del comunismo. Pero no eran
tiempos fáciles para el pensamiento de izquierda. Una dictadura, de las tantas
que hubo, gobernaba el país a golpes de bastón, represión y cárcel.
La primera cana de Ángel fue por solidarizarse con los
presos comunistas de la dictadura a principios de la década del 70. Su destino:
la simbólica Unidad 6 de Rawson donde pasa un año tras las rejas, viendo a su
joven esposa solamente los días de visita.
Durante ese tiempo de gayola, sus compañeros, amigos,
vecinos e Hilda armaron una Comisión de Solidaridad para pelear por su
libertad. Tras lograrlo, esa misma comisión siguió con su tarea de apoyo a los
nuevos presos políticos que llegaban de todo el país.
Entre otras actividades, los integrantes de la Comisión
visitaban a los presos políticos que estaban muy lejos de sus familiares, en
calidad de “apoderados”. De hecho, Ángel fue apoderado de Roberto Santucho,
fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Tras la fuga del Penal de Rawson, que acabó con el
fusilamiento de 16 militantes revolucionarios en el trágico suceso de “La
Masacre de Trelew”, la represión se dirigió contra los solidarios apoderados,
sospechados de complicidad en la fuga de agosto del 72. El maestro Bell volvió
a la cárcel junto a un grupo de integrantes de la Comisión; ser apoderado de
Santucho fue algo que no le perdonarían nunca.
En esos días sucede un hito histórico en la vida de la
ciudad: “La Pueblada de Trelew”. Tras el secuestro y traslado a la cárcel de
Devoto en Buenos Aires de 16 integrantes de la
“Comisión de Solidaridad”, la ciudad entera reacciona tomando el Teatro
Español como sede de la “Asamblea popular”, un espacio integrado por gremios,
partidos políticos y vecinos; y
resuelven llevar adelante un paro y dos multitudinarias movilizaciones. A los
pocos días todos los detenidos son liberados y regresan a la ciudad donde una
multitud los esperaba. Entre ellos, el maestro Ángel Bell.
Luego de esos días agitados, Ángel puso un comercio con el
que pudo sobrevivir hasta el retorno de la democracia, cuando pudo ejercer
nuevamente el arte de enseñar en Trelew y en Playa Unión. Mientras tanto, entre
otras cosas, fundó junto a otros compañeros el embrión del que luego sería el
sindicato de docentes de Chubut, ATECH, además de ser el apoderado del Partido Comunista.
Por su parte, Hilda había dejado la fábrica textil para
convertirse, al igual que sus cuatro hermanas, en trabajadora del estado
provincial desempeñándose en la Dirección de Estadísticas y Censos hasta que
los milicos también la echan por sus antecedentes solidarios.
En abril del 76, un par de semanas después del golpe
militar, Ángel es uno de los primeros despedidos en la provincia y vuelve a
refugiarse en su comercio de venta de ropa y calzado. De allí mismo lo
secuestran el 6 de noviembre junto a su hijo Pablo, de ocho meses, a quien
luego de unas horas, dejan al cuidado de unos vecinos. Ángel es trasladado por
la policía provincial a la Base Almirante Zar, un centro clandestino de
detención, hoy espacio dedicado a la memoria y centro cultural. Nunca volvió a
aparecer.
Luego del secuestro y la desaparición de Bell, Hilda
sobrevive como puede durante varios años trabajando en comercios, haciendo
changas y vendiendo lo que le quedaba. En 1985 es reincorporada a su puesto en
el Estado y se afilia al sindicato de trabajadores provinciales.
Luego se pasa a ATE, es elegida delgada de su sector y llega
a integrar dos comisiones directivas del Consejo Directivo Provincial de Chubut
como secretaria Administrativa y secretaria de Acción Social en los noventa.
Se jubila, forma una nueva pareja, se aleja del Partido
Comunista y es tentada para militar en el Centro de Jubilados y Pensionados de
ATE Chubut que dirige desde el año 2011 con una actitud nada pasiva.
Paralelamente milita en el MST y lleva adelante un Ateneo junto a su hijo
Pablo, militante de ATE y trabajador del Centro Cultural por la Memoria.
Pero por sobre todas las cosas, Hilda y Pablo luchan cada día por la verdad y
la justicia. El 26 de julio de este año
(2017) la causa por secuestro y desaparición de Ángel fue elevada a Juicio Oral
y están esperando día, hora y lugar tras cuarenta y un años de lucha… mientras
los acusados se van muriendo impunes.
Mientras tanto, la
Memoria del maestro Bell crece en homenajes que se suceden. El compromiso militante,
su desvelo solidario, su impronta organizativa son reconocidas en calles,
escuelas, bibliotecas y placas recordatorias que llevan su nombre. Porque hay
quien vela por la memoria de Ángel.
Honoris
El Trabajador del Estado. Noviembre 2017