La investigación en Defensa, a la deriva
Científicos y técnicos especialistas en proyectos para la Defensa que trabajan en el instituto CITEDEF protestaron ayer frente al organismo con un corte sobre avenida General Paz. Hasta mañana mantendrán un acampe para denunciar que el 44% no alcanza la canasta básica y que 79 están precarizados con 10 años de antigüedad. Advierten, además, el abandono del 89% de los planes de investigación, estratégicos para el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas
En
el CITEDEF, que depende del Ministerio de Defensa de la Nación que conduce
Julio Martínez, el 44% de los 600 trabajadores cobra sueldos por debajo de la
canasta básica. Se trata de ingenieros que perciben menos de 9 mil pesos,
encuadrados en uno de los tres convenios contractuales existentes en el
organismo, el Régimen Científico. Sus salarios son menores a los de otros
profesionales que se desempeñan en el CONICET, CNEA o INTI.
La
junta interna de ATE denuncia también que el 85% del personal adquiere el 33%
del salario de manera no remunerativa (en negro). Para revertirlo, el sindicato
encabezó durante 2015 una lucha que logró la redacción de un decreto que ni el
gobierno kirchnerista ni el de Cambiemos firmaron.
En
el marco de su extremada pérdida adquisitiva, exigen una ayuda de 8 mil pesos.
Como
en tantos otros sectores del Estado nacional, los trabajadores del CITEDEF
reclaman asimismo pases a planta permanente. En su caso, para 79 empleados con
más de diez años de antigüedad cuya continuidad, desde diciembre pasado, pende
de un hilo en el ministerio de Modernización de Andrés Ibarra.
En
diálogo con El Trabajador del Estado, el delegado general de ATE, Alejandro
Gallardo, informa que el instituto carece de insumos para tareas administrativas
y que no se ejecuta el presupuesto para proyectos en curso. Teme que la
política de vaciamiento justifique el posible cierre de áreas o el despido de empleados.
“El
Presidente del CITEDEF, Ricardo Buderacky, y el Subsecretario de Investigación,
Desarrollo y Producción para la Defensa, Antonio Serangeli, hacen oídos sordos.
Hasta ahora se la pasaron sólo hablando de la herencia recibida, mientras
contrataron asesores con salarios cuatro veces mayores al de decenas de
trabajadores”, dice Gallardo, quien agrega que Buderacky “no es del palo: viene
de hacer semáforos en el gobierno de la ciudad”.
El
delegado contó que las autoridades del instituto mantuvieron ayer una reunión con
jefes de proyectos, cuyo saldo fue dar luz verde a sólo siete proyectos de 68
que estaban en curso.
De
esta manera, se abandonaron programas tan estratégicos como los misilísticos, o
el lanzamiento de un cohete sonda para estudiar la atmósfera y realizar
observaciones astronómicas. Este último demoró seis meses de labor
multidisciplinaria y no puede postergarse: tiene fecha de vencimiento.
“Hay
mucho técnico y científico que se ha ido, mucha materia gris desperdiciada”, sostiene
Gallardo. Tal el caso de los únicos dos ingenieros nombrados veedores en la
guerra de Irak, para detectar la presencia de armas químicas.