La Pastera celebra 12 años con visita virtual y saludos de los protagonistas de su historia
El museo de homenaje al Che que la ATE fundó en la ciudad de San Martín de los Andes, cumple 12 años este sábado 20 de junio.
Y en tiempos
de pandemia, lo celebrará en forma virtual con una visita guiada desde el
propio museo y con saludos de todas y todos los protagonistas de su vida
institucional y su historia, a través de sus redes sociales.
La Pastera,
uno de los espacios argentinos de homenaje a Ernesto Guevara, fue fundado por
la Asociación Trabajadores del Estado el año del 80º aniversario de su
nacimiento. A pocos días de la inolvidable celebración en la ciudad de Rosario,
ATE abrió las puertas de un nuevo faro de divulgación de la vida y el
pensamiento del Che en la Patagonia.
La historia
de La Pastera se remonta a aquel 31 de enero de 1952 cuando Ernesto junto a su
amigo Alberto Granado llegan en su moto que llamaban “La Poderosa”. “El primer ataque contra un dispensario de
Salud Pública falló completamente, pero se nos indicó que podíamos hacer
parecida tentativa en la dependencia de Parques Nacionales, cuyo intendente
acertó pasar por allí y nos dio enseguida alojamiento en uno de los galpones de
herramientas de la citada dependencia. Por la noche llegó el sereno, un gordo
de 140 kilos bien medidos y una cara a prueba de balas, que nos trató con mucha
habilidad, dándonos permiso para cocinar en su cuchitril. Esa primera noche la
pasamos perfectamente, durmiendo entre la paja de que estaba provisto el
galpón, bien abrigados, lo que se hace necesario en estas comarcas donde las
noches son bastante frías”.
Y luego la
historia de ese joven que se transforma en el Che, y el deseo y la decisión
inquebrantable de los trabajadores de Parques y su sindicato para hacer allí un
homenaje. Pasaron los años, dictaduras, gobiernos de todo tipo y factor, y los
trabajadores siguieron detrás de eso que parecía un sueño. En uno de los peores
momentos de la historia argentina, en los noventa, estuvo a punto de ser
derribada, pero no pudieron. En esos días de lucha para evitar que se borre ese
lugar de memoria del Che, apareció su amigo Alberto para ayudar. Ya no en la
moto, pero si con la misma fortaleza de siempre llegó Granado a sumarse a la
defensa del lugar. Una nota en el diario La Nación donde Alberto certificaba
que en ese galpón habían estado con Ernesto se sumó positivamente a la pelea. Y
se logró ganar esa batalla. Pero la lucha continuó. Y ahí aparecieron
compañeros que están en la memoria de esta gran historia colectiva que es La
Pastera: los dirigentes de ATE que lucharon y gestionaron por la existencia de
este espacio, Leopoldo González y Héctor Méndez, pioneros fundadores de este
museo patagónico, junto Julio Fuentes, hoy presidente de la CLATE, entre muchos
hombres y mujeres del sindicato.
Unos años
antes de la apertura como museo se realizó un primer intento de inaugurar un
espacio cultural de homenaje, pero sin contar con todas las condiciones para
habilitarlo al público. Fue punto de encuentro de charlas y reuniones
culturales. Y así llegamos al 20 de junio. Trabajando en los últimos días para
lograr el objetivo, de día y de noche. Ese día, uno típico de invierno
cordillerano, con mucha nieve y rutas inaccesibles, se logró la inauguración
definitiva. Casi no llega el vehículo que traía a la hija del Che, Aleidita, al
embajador de Cuba, Aramís Fuente Hernández y Norita Cortiñas, madre de Plaza de
Mayo, Línea Fundadora. Pero lo lograron. Ese día hubo muchas personas
presentes: dirigentes de ATE y de la CTA de todo el país, las hijas de Pedro
Olate, el sereno que los había recibido a Alberto y a Ernesto, compañeras y
compañeros, amigos del Che, de Cuba, de las utopías de un mundo más justo… y
desde ese día, de La Pastera, museo del Che.
A partir de
ese 20 de junio las puertas siempre estuvieron abiertas. Pasaron por allí miles
y miles de visitantes y viajeros. También lo hicieron muchas mujeres y hombres
cercanos al Che, ya sea recorriendo el galpón o dando su testimonio desde
distintos lugares del país y del mundo. Los amigos de sus viajes, Alberto y
Calica, combatientes que lucharon junto a él en Cuba, Bolivia y El Congo, sus familiares de aquí y de allá,
Aleidita su hija, y su hermano Juan Martín… Y no sólo los que lo tuvieron
cerca, sino también los que llevan como estandarte, que admiran su pensamiento,
que militan por las mismas utopías en un sindicato, en una organización social
o política, o en la cooperadora de la escuela o en el club del barrio. Esos y
esas que siente una injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar
del planeta, como propia.
Con el apoyo
del Centro Che, la institución de investigación que dirige la que fuera su
esposa, Aleida March, y que coordina María del Carmen Ariet, fue quien cedió
las imágenes para el montaje y el respaldo para el punto de partido. En el
primer aniversario firmamos un convenio de hermanamiento con el Memorial de
Santa Clara, el museo de homenaje más importante del mundo donde descansan sus
restos. Ambos fueron clave en el desarrollo de contenidos y de relaciones
institucionales de La Pastera. Ese mismo año, junto al museo de Alta Gracia y
al de Caraguatay (luego se sumaría el Cel Che de Rosario) creamos el programa
de turismo cultural “Los Caminos del Che” y lo presentamos con Juan Martín, su
hermano en el Congreso de la Nación. Y luego vinieron los encuentros en
Bolivia, en Cuba y en el país.
Gracias a
una gestión y relaciones institucionales, La Pastera logró integrarse a la
ciudad. Hoy se coordinan actividades con el municipio, con la industria del
turismo local, con las autoridades y trabajadorxs del Parque y con las
organizaciones culturales y sociales de la ciudad. Y desde hace varios años con
los establecimientos educativos de todos los niveles. Los estudiantes llegan al
museo y reciben una visita guiada adecuada al nivel de escolaridad. Los
universitarios de la carrera de guías de turismo hacen sus prácticas. Y todos
los años hacemos nuestra Semana del Che en el verano. Así es que junto a las
organizaciones de jóvenes de la ciudad y artistas invitados hemos renovado por
cuarta vez los paredones lindantes al museo con sus expresiones artísticas. Una
muestra de ello es que nunca fueron vandalizados. Siguen intactos.
Tan intacto
como el compromiso del Consejo Directivo Nacional de ATE, hoy con Hugo “Cachorro”
Godoy como secretario general, y del
equipo del museo, para continuar la tarea que nos encomendaron los pioneros de
este espacio de homenaje al Che: difundir la vida y el pensamiento del Che. Y
en eso estamos desde el primer día.
Gracias a todos y a todos los que a lo largo de todas estas décadas
hicieron algo para que este museo de homenaje al Che esté de pie y siendo un
referente en el país y en el mundo. Gracias, gracias, gracias.