Lavalle volvió a exclamar ¡Justicia para los trabajadores municipales!
En Lavalle reina la impunidad de manera abierta y vergonzosa, a tal punto que se persigue y reprime a pacíficos trabajadores que lo único que piden es que se les respete su derecho a trabajar y a percibir un salario digno. A los cuales, ni siquiera se les garantiza el derecho constitucional a protestar y a circular libremente por las calles y rutas de su departamento.
La mañana del pasado jueves, se
vivió un capítulo más de esta penosa historia cuando un grupo de policías
interrumpió el tránsito de una ruta provincial para impedirles a los
trabajadores municipales de ATE expresarse pacíficamente en un acto al que
asistió el intendente Roberto Righi. No logrado esto, las fuerzas “del orden”
los reprimió con empujones y golpes.
Como si esto fuera poco, este
sainete se completó con actitudes soberbias de un jefe comunal que no dudó en
provocar a los trabajadores con gestos burlescos y soberbios, cuando estos
realizaban su acto por el día de la bandera frente al acampe en la
municipalidad.
Los municipales, acompañados por
dirigentes de ATE y trabajadores de otros sectores que se solidarizaron,
decidieron festejar el día de la bandera en la carpa que montaron en la puerta
de la municipalidad, la cual lleva alrededor de 50 días, para que Righi respete
lo que firmó en enero en un acta de paz social: pase a planta de los
contratados y no persecución a los compañeros que participaron de las jornadas
de protesta en Maestranza a fines de 2013 y principios de 2014.
El acto se desarrollaba con total
normalidad y tranquilidad cuando de repente el intendente lavallino salió del
palacio municipal en una camioneta haciéndoles burla a los trabajadores, al
provocarlos tirando besos y riéndose sarcásticamente.
Ante tamaño desatino, los
municipales decidieron asistir al acto departamental del día de la bandera que
se iba a realizar en la escuela primaria del distrito de Gustavo André, para
manifestar su repudio a la actitud infantil de alguien que, por su investidura,
debiera actuar con cierto grado de madurez para poder destrabar los conflictos.
Cabe destacar, que los vehículos
que transportaban a los municipales fueron interceptados por fuerzas
policiales, compuesta por camionetas, motos y numerosos efectivos, para impedir
su derecho a protestar.
Lo increíble es que para consumar
tamaño desatino se acudió a algo ilegal e inconstitucional: utilizar móviles
policiales, que supuestamente están para cuidar a la ciudadanía, para cortar
una ruta y avasallar el derecho a la libre circulación.
Lógicamente que ese objetivo no
pudo lograrse y los municipales se apersonaron en la puerta de la escuela
primaria donde se realizó el acto para pedirle explicaciones a Righi por sus
actitudes hostiles.
Más represión: los policías,
encabezados por jefes policiales, intentaron sacar a los empujones y golpes a
los trabajadores, quienes manifestaban sus reclamos pacíficamente con banderas
y bombos. Incluso una moto policial fue tirada encima de algunos de ellos.
Mientras tanto, desde los
altavoces utilizados para el acto, una mujer (presuntamente esposa de Righi)
lejos de calmar los ánimos trataba de azuzar a los vecinos presentes para que
se levantaran en contra de los trabajadores, tratando de consumar una lucha de
pobres contra pobres.
Los compañeros no se amilanaron y
no respondieron a las provocaciones: una vez que manifestaron sus reclamos se
hicieron a un costado de la calle para que los alumnos de las escuelas
participantes del acto pudiesen desfilar como lo tenían previsto.
Luego de este papelón oficial,
los trabajadores se reunieron en la carpa para convocar a una asamblea la semana
próxima para analizar los pasos a seguir en un conflicto que mantiene a
familias de compañeros municipales en la calle, mientras un dirigente político
que, más que intendente, se cree un patrón de estancia que en “su” tierra puede
hacer lo que se le antoje, manejando a su antojo hasta la misma Policía.