14.07.2020

Malbrán, el higienista

La historia de la infectología nacional está signada por la búsqueda de un Estado garante del bienestar de su gente. Biografía de un médico social.

La historia de la infectología nacional está signada por la
búsqueda de un Estado garante del bienestar de su gente. Esta rama de la
ciencia médica se encuentra hoy día en boca de todos por la emergencia que
suscita la proliferación de la pandemia. De esta forma, estos últimos meses nos
interiorizamos sobre los síntomas del Covid-19, nos preguntamos por su origen y
por como combatirlo. Pero el estudio de la salud de una comunidad se remonta a
principios del siglo XIX en Argentina y tiene, como uno de sus primeros
especialistas, al Dr Carlos Malbrán. De quien intentaremos esbozar su recorrido
académico situandolo contextualmente en los momentos históricos que erigieron
su figura. 

Carlos Gregorio del Carmen Malbrán nació en 1862 en
Andalgalá, una ciudad ubicada en el centro norte de la provincia de Catamarca,
hijo de Manuel Francisco Malbrán Recalde y de Carlota Figueroa. Estudió
medicina en la Facultad de la Universidad de Buenos Aires.

La Facultad de Medicina se fundó en 1822 y se inició con
tres cátedras: Instituciones Médicas (Juan Antonio Fernández); Instituciones
Quirúrgicas (Francisco Cosme Argerich) y Clínica Médica y Quirúrgica (Francisco
de Paula Rivero). El material de enseñanza y los textos usados en los primeros
años fueron casi exclusivamente de origen francés e italiano, debido a la
influencia de dos reconocidos investigadores de esas nacionalidades: Aimé
Bonpland y Pedro Carta Molino, respectivamente. Luego de dos años de iniciada
la carrera se contó con sala de disecciones y el gobierno decretó un
presupuesto para costear en Europa el perfeccionamiento de los estudiantes sin
recursos. Los alumnos podían doctorarse en medicina o cirugía presentando una
tesis que los habilite. La fundación de la facultad fue sin duda uno de los
hechos más importantes del período de anarquía y desunión nacional que se
extendió entre los años 1820 y 1835. El decreto del gobernador de Buenos Aires
Martín Rodríguez fue impulsado por su ministro Bernardino Rivadavia, entusiasta
representante de la corriente iluminista y liberal en nuestro país.

VOCACIÓN EPIDEMIOLÓGICA

Llegado el año 1882, la situación sanitaria del país no
había mejorado significativamente desde la epidemia de fiebre amarilla de 1871.
Entre 1884 y 1887, durante la gestión de Julio Argentino Roca, una serie de
epidemias de cólera causaron centenares de muertos en la capital y el interior.
Para ese entonces, Malbrán había comenzado a trabajar en medicina interna en el
Hospital San Roque y aún sin doctorarse, en diciembre de 1886, fue enviado por
el gobierno nacional para ayudar a combatir un brote de cólera en la provincia
de Mendoza.

Solamente en diciembre de 1886, desde el 8 de diciembre
(registro del primer caso mendocino) hasta el 31 del mismo mes, se registraron
en la provincia 738 muertes por la epidemia. Cuenta el historiador Gustavo
Capone que el cólera llegó al puerto de Buenos Aires por barcos con extranjeros
y se trasladó a Mendoza a través de pasajeros del ferrocarril recientemente
inaugurado.

La coyuntura hizo que el gobierno mendocino formara el
Consejo Provincial de Higiene precedido por el Dr. Berutti, constituyéndose en
paralelo una comisión de vecinos para contribuir con las autoridades. Al frente
de la organización ciudadana estuvo Luís Laggomagiore y entre las primeras
medidas que tomó, ante la carencia de agua potable, fue: cortar la circulación
por las acequias provinciales, ya que era el agua el principal vehículo de
contagio, obligó a desparramar cal viva en las acequias y consumir agua hervida
distribuida a domicilio.

Este fue el primer encuentro como profesional de Malbrán
frente a una epidemia y sus repercusiones sociales. Y fue tan significativo
este encuentro que cumplida la tarea asignada, permaneció trabajando en Mendoza
por un tiempo. Para ese mismo año defendió su tesis doctoral titulada “Estudio
de la patogenia del cólera”.

Dice en su tesis:

“El espíritu de investigación y análisis domina todas las
esferas de nuestro labor como la misma aspiración de la verdad: ¿por qué no
hemos de esperar un destino serio para el poderoso movimiento científico que se
inicia en nuestro país? contamos ya con especialistas que son grandes maestros
en la medicina y la bacteriología…” (Estudio de la patogenia del cólera. Carlos
G. Malbrán. Buenos Aires, 1887)

ESPECIALIZACIÓN Y CARGOS PÚBLICOS

A su regreso a la capital en 1889, Malbrán fue nombrado
miembro de la Comisión de Buenos Aires para la Gestión de Residuos y en 1892,
bajo el mandato de Pellegrini, es elegido jefe del  Departamento Nacional de Higiene.

Dice Malbrán en una de sus publicaciones:

“Desde que me hice cargo de esta repartición vi muy claros
los grandes deberes que imponía el ejercicio de sus altas funciones. Pero vi
también que el país carecía de una Ley de Sanidad Nacional, necesaria para
hacer efectiva la defensa de la salud pública en todo su territorio, dentro de
las reservas de nuestro régimen federal de gobierno” (MALBRÁN, C. G. Apuntes
sobre Salud Pública, (sin editor) Buenos Aires, 1931)

Ese mismo año el gobierno argentino lo envió a Europa para
estudiar el uso de los sueros contra la tuberculosis y la difteria. A su
regreso, Malbrán instruyó al personal en la técnica de obtención de suero
antidiftérico y los lotes fabricados ( las fábricas estaban ubicadas en
instalaciones transitorias habilitadas en la Isla Martín García) fueron
distribuidos gratuitamente en sectores humildes de la población.

Durante el comienzo del siglo XX se realizaron las primeras
campañas para prevenir esta enfermedad en Buenos Aires. La revista Caras y
Caretas lo reflejó de un modo irónico y llamativamente con algunas
coincidencias con el presente:

«No conocemos aún el plan que las autoridades sanitarias se
proponen adoptar para combatir la tuberculosis; pero como es de suponer que
tenga por base el aislamiento de los invadidos, tememos que se resuelva
declarar sospechosos sin excepción a todos los enjutos de carnes, y que no
podamos salir de casa sin exponernos a que cualquier delegado de Malbrán nos
agarre en mitad de la vereda para auscultarnos o someternos a un examen
laringoscopio. Los de la protectora de animales están furiosos contra la
persecución de los bacilos de la tisis, a quienes consideran con el mismo
derecho a la vida que los demás seres de la creación. Y aunque en absoluto no
coincidamos con sus teorías, forzoso es concederles alguna razón cuando dicen
que en un país donde se goza de libertades debe permitirse que cada cual sea
tísico o lo que se le dé la gana» (fragmento publicado en el ejemplar del 17 de
noviembre de 1900)

En años posteriores, se continuó el estudio de problemáticas
sanitarias donde, gracias a la intervención de José Penna, los trabajos ganaron
el empuje que permitió la habilitación provisoria de algunos laboratorios en el
predio que aún ocupa el pequeño edificio ubicado en la esquina de la Avda.
Vélez-Sarsfield y la calle Brandsen, actual CABA. En ese entonces, los
higienistas comenzaron a reconocer no sólo la necesidad de uniformizar
criterios sanitarios sino también de reforzar controles en las ciudades-puerto,
para evitar que las enfermedades viajaran de un lugar a otro en esta época de
intercambios migratorios.

Penna, al igual que Malbrán, tuvo una destacada actuación
durante las epidemias de cólera que afectaron a la ciudad de Buenos Aires en
los años 1886 y 1887. Impulsó la evacuación de los enfermos al campo y dispuso
la cremación de los fallecidos en un intento de controlar la propagación de la
enfermedad, por entonces incurable.

En 1901 el Dr. Malbrán (en ese entonces Senador Nacional y
Presidente del Departamento Nacional de Higiene) concibió el proyecto de crear
un Instituto de Bacteriología, pensado no sólo para impulsar la cultura
científica del país, sino para ser un centro de elaboración de sueros, vacunas
y productos biológicos destinados al diagnóstico, tratamiento y profilaxis de
las enfermedades infectocontagiosas.

Como senador en representación de Catamarca promovió varios
proyectos que más tarde darían lugar a leyes, incluyendo aquellas que regulaban
la vacunación obligatoria, los procedimientos frente a la malaria, los
impuestos sanitarios y las reglas de la farmacia.

El 10 de julio de 1916 fue finalmente inaugurado el
Instituto de Bacteriología o Microbiología, que incluía un depósito de vacunas,
lo que fue considerado uno de los principales logros de la salud pública
argentina de la época. El establecimiento, en cuya creación Malbrán tuvo un
papel fundamental y que se convertiría en un importante centro de investigación
en microbiología y que actualmente lleva el nombre de Instituto Nacional de
Microbiología Carlos G. Malbrán.

Malbrán fallece el 1 de agosto de 1940 en la ciudad de
Buenos Aires. Pero su legado continúa aún hoy en el Instituto que lleva su
nombre y que recientemente informó que volverá a producir la vacuna contra la
Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA) para acercarla a la población de riesgo
comprendida entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y La Pampa.

REFERENCIAS

“Estudio de la patogenia del cólera” de Carlos G. Malbrán.
Buenos Aires, 1887.

Los orígenes institucionales de la salud pública en la
Argentina. Juan C. Veronelli y Magali Veronelli Correch. En organización
Panamericana de la Salud.

Fuente: IPID

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