07.06.2012

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Adolfo “Fito” Aguirre, Secretario de Relaciones Internacionales CTA, habla de las nuevas formas de cooperación en las que hoy participan y son parte ATE y CTA, sobre qué implica el enfoque internacionalista que encara la Central y del rol que ocupa ésta en las organizaciones sindicales a nivel internacional.


¿Cuál es el nuevo impulso que se vino dando en la Secretaría de Relaciones Internacionales?
En lo que hemos estado trabajando, a parte de lo que indica el estatuto, es en construir una política internacional de la Central con el planteo de que, como trabajadores, no tenemos solamente reivindicaciones. Somos actores que intervenimos en las realidades políticas, económicas, sociales y culturales que tienen un país y una ciudadanía. Con lo cual, tenemos opinión política de todos los temas, a parte de todo lo que hace a reivindicaciones en la relación capital trabajo. Como estamos en un mundo globalizado, que se encuentra interrelacionado, hemos optado por construir una política internacional que tenga capacidad de gravitación en la coyuntura global en la que nos toca actuar. Esto se logra forjando vínculos con centrales sindicales de todo el mundo, al pertenecer a organizaciones internacionales como son la Confederación Sindical Internacional y la Confederación Sindical de las Américas-, logrando tener niveles de coordinación – como se da en la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur- y también trabajando para estar atentos a los nuevos datos de la política internacional. A fin de cuentas, se trata de trabajar en resistir las ofensivas del capital y, a la vez, tener propuestas para lograr ofensivas que apunten a materializar aquellas cosas que soñamos.


¿Cuál es el lugar que ocupa la CTA en la conformación y el desarrollo de estas organizaciones?
Primero cabe recordar cuándo nace la Central y cuál era el contexto. La CTA surge en el año 1991, a tres años de la caída del muro de Berlín. En aquel entonces, de por sí fue un dato político novedoso en un mundo que estaba atravesando
importantes cambios. Nos constituimos en una Central diferente al modelo sindical mundial, principalmente porque pensamos no solo en los trabajadores activos en situación de empleo, sino también en los que buscan trabajo y en los que tuvieron trabajo. En esta interrelación generacional contuvimos a toda la clase trabajadora. Ese fue el inicio en lo que entiendo que es el objetivo final: Construir un nuevo paradigma. Esa concepción que instalamos en 1991 fue una novedad política mundial porque quedó instalada como una alternativa de los trabajadores y para los trabajadores, y con el objetivo de transitar la búsqueda de qué otro mundo había que construir y no el que nos había dejado el fin de la guerra fría. Este cambio de época que comenzaba, y al que pretendíamos enfrentar, era el de la flexibilización laboral, el de bajar los costos laborales (según el pensamiento empresarial), el de que no cabemos todos, el del fin del trabajo, del fin de la historia, el de los estados mínimos. Nosotros de ninguna manera podíamos plantearle a la clase trabajadora mundial que no había otra alternativa. Si bien en un principio fuimos pocos los que nos paramos en ese lugar, el tiempo – como siempre ocurre en la historia- nos dio la razón. Un dato actual y que refuerza aquel sentido con que nació la Central es el siguiente: Hoy, en todo el mundo, es muy pequeña la cantidad de trabajadores en relación a la población total económicamente activa, y es mayoritaria la cantidad de trabajadores vinculados a la informalidad (cuentapropista, autogestión). También es enorme el volumen migratorio: Hay más de 300 millones de personas que están migrando en el mundo, y lo que los mueve – mayoritariamente- es el factor económico, o sea dónde está el trabajo. Por abarcar todas estas problemáticas de los trabajadores y de la clase en su conjunto, la CTA significó desde su nacimiento un dato novedoso. Es por eso que hoy tenemos una presencia internacional importante, más allá de la situación que atravesamos al ser víctimas de una fractura, por ser testarudos y no subordinarnos a gobiernos, patrones ni partidos políticos.


¿Qué significa la ratificación en la última reunión de la CSA?
A parte de que somos fundantes de ese proceso de unidad, en la Confederación Sindical de las Américas estamos en el Consejo Ejecutivo con un cargo titular. En este segundo Congreso en Foz de Iguazú, en el que había más de 500 congresales de toda América, fue confirmada la continuidad de la CTA en ese cargo. Esto significa una ratificación de lo que es nuestra práctica política y nuestro compromiso con el internacionalismo, además de un reconocimiento para todo el equipo que todos los días trabaja en la secretaría.


¿Qué valor agregado suma a las reivindicaciones de los trabajadores este nuevo mapa organizativo a nivel internacional?
Tenemos que saber que donde retroceden los trabajadores, en el lugar del mundo que sea, retrocedemos todos; y que donde se gana, también ganamos todos. Forma parte de una concepción esencial en la línea política de la CTA:


No existe el sálvese quien pueda. Como contraparte, los reclamos que encuentran solución en un país luego se plantean a la vez en otro, pero con un plus de fuerza. Cuando hablamos de los derechos de los trabajadores no podemos hablar de fronteras ya que en los barcos se transportan productos con derechos o productos con explotación. Estas son las luchas de estos tiempos: La pelea por lo justo para todos. Por lo tanto, expandir derechos es la revolución de nuestros días. Y esta es una época en la que necesitamos tener varias herramientas, como son los espacios en los que participamos, para poder intervenir en todas las cuestiones y en todos los temas. En este sentido, lo novedoso que pretendemos instalar es que tenemos pensamiento político y una cosmovisión respecto del ambiente en el que vivimos, tenemos pensamiento para una estrategia de desarrollo que no confunda el progreso con la destrucción, tenemos una concepción de humanidad. Todas estas cuestiones hacen que choquemos con pensamientos que en muchos casos apuntalan la desigualdad, con pensamientos que plantean que no importa si se destruyen los bienes naturales de una región porque no importa la vida de ese lugar. 

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Las muestras de solidaridad de los integrantes de la CLATE frente al conflicto  en Aysén, Chile, ¿son un síntoma de esta nueva forma de hacer política internacional?
Si, claro. En la CLATE no solo hay un avance acumulado de relaciones, sino que ya hay amistades. Si en algún país tocan a un gremio integrante (las formas pueden ser muchas, ya sea mediante represión, con un atentado o mandando sicarios), en todos los otros sindicatos que integran la Confederación se produce un escándalo y la inmediata solidaridad y apoyo. Cualquier central o sindicato que esté peleando o resistiendo es aliado nuestro. Un ejemplo fue lo que pasó en Chile hace pocas semana y que tuvo respuesta inmediata en nuestro país y en nuestra organización. Un grupo de compañeros de ATE viajaron a la región de Aysén, se realizó una protesta frente a la embajada chilena con la entrega de un petitorio por parte del CDN de ATE, entre otras muestras de solidaridad. Lo importante es que somos un núcleo de constructores donde tenemos avances y retrocesos, pero a esos avances y retrocesos los hacemos entre todos.

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