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El 26 de junio del 2002 fue el fin de un ciclo político que ya venía mal herido por los hechos de diciembre del 2001. A diez años de ese hecho el fotógrafo Pepe Mateos continúa dando testimonio sobre las muertes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Sus imágenes donde se ve al ex comisario Alfredo Fanchiotti disparando contra militantes sociales que ocupaban la estación de Avellaneda, sirvieron para desmentir la afirmación de la cúpula de la policía bonaerense sobre que aquellas muertes fueron producto del enfrentamiento entre las propias organizaciones.
Hoy acaba de regresar de España donde hizo la presentación de la exposición fotográfica ‘Fractura Expuesta’. En ella nos sigue mostrando su particular mirada sobre el cambio social habido en nuestro país, en las últimas 2 décadas.
Pero además Pepe Mateos no es un hombre ajeno a nuestra organización. Esa foto en que Germán Abdala aparece tomando mates es de su autoría.
¿Cuál es tu reacción cuando el gobierno dice que las muertes se producen por un enfrentamiento entre las propias organizaciones?
Recuerdo a Fanchiotti en la conferencia de prensa negando que ellos hubieran tenido participación. Yo lo escuchaba y a mi mismo me decía este tipo está loco, porque cómo habiendo tantas evidencias de presencia policial en los alrededores de la estación de trenes, él podía negar sus responsabilidades en el hecho.
¿Sin embargo fueron contundentes los documentos periodísticos que contradijeron esa acusación?
Es muy interesante observar la actuación del periodismo, como fueron apareciendo los testimonios periodísticos que desmantelaban una versión maliciosa y distorsionada. Porque si el gobierno pensó que en algún momento podía operar y modificar los hechos tal como habían sucedido, la realidad de las fotos y los videos terminaron por desmentirlo. Lo cierto es que la mentira terminó cayendo por si misma y ya no hubo manera de disfrazar su versión ni de encubrirla.
Por otro lado, dejame remarcarlo, se trató de un hecho inédito, porque por primera vez una operación de gobierno se caía con la presentación de pruebas. Nunca antes en una misma imagen y secuencia se vio juntas a víctimas y victimarios. Después que se haya llegado a juicio con esas herramientas tienen una gran importancia porque si el gobierno quiso quitarle identidad a las organizaciones sociales la verdad se impuso por propio peso.
Para el 26 de junio distintas organizaciones sociales de la provincia de Buenos Aires habían decidido cortar el Puente Pueyrredón, que une Avellaneda con la Capital Federal. Hasta ahí nada nuevo para esos tiempos de agitación social. Sin embargo los acontecimientos de ese día van a precipitar la caída del sistema político y social crecido con los ’90. La feroz represión sorprende a todos. Las más de 200 fotos que sacó Pepe Mateos sirvieron para la condena de Fanchiotti y del cabo Alejandro Acosta.
¿Imaginaste ese desenlace?
No, de ninguna manera. Si intuía que iba a producirse algún choque porque las organizaciones sociales venían reclamando la ampliación de los planes sociales. También calculaba que la policía reprimiera porque el pensamiento generalizado de los partidos era que la calle debía ser controlada. El panorama del conurbano bonaerense era de una extrema fragilidad y otro problema era la anarquía policial. Entonces si estaban dadas las condiciones para que algo sucediera, pero ni remotamente que acabara en una feroz represión y con Maximiliano y Darío muertos.
¿Tampoco podía preverse en fin de un sistema político?
No en absoluto. Personalmente considero que aún nos debemos un estudio más profundo del año 2002. Aunque quién debe saber porque se produjo tanto vacío político, y que obligara al adelantamiento de las elecciones, es el propio Duhalde.
Habrá sido difícil está ahí…
En principio hay que explicar que en esa situación uno tiene muy pocas posibilidades de intervenir. Uno va allí con la intención de hacer las mejores fotos posibles, no se te pasa por la cabeza que alguien pueda ir con la intención firme de matar. Tampoco es que puedas mantener la frialdad, te trabas en muchas cosas. Pero por haber vivido las cosas desde dentro yo me siento muy involucrado. Uno queda afectado por la muerte de dos compañeros y por más que después se transforman en ejemplos de lucha siguen siendo muertes dolorosas.
¿Conocías de antes a Maxi o Darío?
Solamente a Darío. Me interesaba conocer el funcionamiento de la organización y tuvimos una par de charlas donde me explicó como se trabajaba la promoción social en el barrio y el rol de las bloqueras comunitarias.
Mateos regreso al invierno porteño después de presentar su muestra ‘Fractura Expuesta’ en España. Por esas cosas del destino la muestra española coincidió con la que hizo, hasta el 30 de junio último, en el Centro Cultural Gral. San Martín.
¿Sobre que gira Fractura Expuesta?
Hace cierta alusión a la fractura que vivimos como sociedad. La segmentación y lejanía entre los grupos que conforma nuestra sociedad hoy está mucho más marcada. Al menos en mi generación todo era más horizontal. Quienes tengan más de 40 años han conocido a una sociedad mucho más igualitaria. Entonces hablar de fractura me parece una buena síntesis de que algo está roto y en crisis permanente.
¿Cómo son esas imágenes? ¿Existe ya una mirada previa?
Cuando hago fotos miró el costado de las cosas. Siento especial fascinación por la gente en la calle pero más por su forma de moverse y los gestos. Si enfoco hacia una estructura edilicia lo más probable es que lo haga habiendo gente adentro. Si yo saliera a la calle con una idea previa las cosas no me saldrían. A mí me impresiona el momento cuando suceden las cosas.
Hay fotos de las cuales no conozco ni a los autores pero aparece lo humano en todo su esplendor. Siempre tengo presente una foto con inmigrantes llegando a Nueva York, que están alineados para ser fotografiados. Verles aquellas caras de susto por llegar a un lugar totalmente desconocido, lo dicen todo.
Hay que detenerse y ver cuanto nos dice una toma. La gente remojando los pies es la fuentes mientras esperan por Perón es una escena a la que si uno le pone lectura nos hablan por si solas de cambios sociales, políticos y de la misma historia argentina.
Personalmente una foto mía que me genera mucho placer son un par de señoras tomando un té en Las Violetas, mientras afuera pasa una marcha. Ese cruces de miradas. Las de adentro que miran con desdén y las de afuera que les ríen con ironía. Eso muestra mucho de esta realidad segmentada a la que hacía referencia.
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Una relación con ATE
Hay un vínculo entre Pepe Mateos y ATE que nace a fines de los años ‘80 cuando el fotógrafo vivía en la provincia de Neuquén, y que siguió después ya con el fotógrafo en Buenos Aires haciendo colaboraciones para el CDN.
¿Cuál es tu relación con ATE?
Nace cuando trabajaba para el matutino ‘El Diario de Neuquén’. Por entonces la ciudad era un lugar chico pero llamativamente muy dinámico desde lo político con una intergremial estatal muy fuerte y con enormes disputas con el gobierno provincial. Me gustaba la posición de ATE y recuerdo la visita que Germán Abdala hace a la provincia. Él ya estaba con su enfermedad y a mí esa presencia me resultó muy emocionante. Cómo ese tipo que ya estaba enfermo tenía tanta capacidad de entrega y desprovista de egoísmo.
¿Una foto que más gusta de Germán es una que vos le sacaste?
Si Germán tomando mate. Esa la hacemos de visita en una salita. Me pasa que muchas veces viajo al interior, la veo en algún lado y me digo esa foto la hice yo. Son las pequeñas satisfacciones que a veces uno tiene.
De aquellos tiempos también me quedo con una visita de Lozano a la Universidad del Comahue. Menem transitaba sus primeros tiempos de gobierno y a mi me llamo la atención la descripción precisa que daba sobre como iba a conducirse el gobierno y la presencia de grupos económicos apoyando esos cambios políticos; y fue nomás como él dijo.