27.04.2020

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Por: Alejandro Garzón

Secretario Gremial nacional de ATE  y
Secretario de Interior de la CTA-A Santa Cruz

¿Te molesta mi amor?

La reciente polémica mediática por la posible llegada de 200
médicos y médicas cubanas para ayudar a combatir la pandemia en la Provincia de
Buenos Aires ha puesto de nuevo en la agenda pública la vieja discusión que
desde los sectores de derecha más antidemocráticos se propiciaba en los ‘70: El
odio contra todo lo que huela a cubano, todo “lo cubano”. Y por obvia
asociación también contra Venezuela. Esto motiva algunas reflexiones.

¿Qué es lo que estimula el recrudecimiento del odio contra
quienes vendrían a salvar vidas de compatriotas? Porque seamos serios, dan risa
los argumentos sobre que son agentes de inteligencia. Entonces está claro que
ese sentimiento visceral es estimulado curiosamente por lo bueno que ha hecho
para su pueblo el proceso liderado por Fidel, Raúl e inspirado en los valores
más humanitarios que representaba el ‘Che’. La cooperación internacional de
Cuba en materia de Salud ha sido reconocida hasta por Naciones Unidas y la
Organización Mundial de la Salud. Su compromiso con la Salud como Derecho Humano
se ve en cada misión, como lo han hecho enfrentando al ébola en África, el
dengue y la ceguera en América Latina y el Caribe, el cólera en Haití y en
catástrofes y pandemias en Pakistán, Indonesia, México, Ecuador, Perú, Chile y
Venezuela, y ahora en Italia, Andorra o Qatar combatiendo el CoVid-19. En este
sentido, la ayuda no sería tan necesaria y urgente para nuestro país, si no
hubiéramos sufrido la devastación del Sistema Público de Salud durante la
gestión de Macri y Vidal.

Y otra vez el rechazo a todo lo que es generoso, a todo lo
que no es mercantil, estimulado por los propagandistas del odio. Te
molesta mi amor, mi amor de humanidad, ya bien lo dice Silvio. Porque a los
perros guardianes de los privilegios, que hablan a través de sus medios de
comunicación y agitan en redes sociales, “lo cubano” que viene con los médicos
es la humanidad, es el amor por la vida, es la capacidad de conmoverse por lo
que están pasando sus hermanos y hermanas, y sentir como propio el dolor ajeno.
Sí. Las mentiras, la xenofobia y el macartismo de los ‘70, nunca se fue. Y
vuelven multiplicados cada vez que “hace falta”.

Como trabajadores y trabajadoras identificadas con las
necesidades de nuestro pueblo y de todos los pueblos, entendemos la Salud como
un Derecho Humano universal. Y la pandemia del Coronavirus puso al desnudo la
verdadera grieta en la Argentina: La de los mega millonarios y grupos
concentrados de la Economía que pretenden seguir beneficiándose aún sin Macri,
mientras que 11 millones de argentinos y argentinas están yendo a comer a
centros comunitarios y no en sus hogares, en el mejor de los casos. Este dato
sería suficiente para conmover a cualquiera, pero no. “Los miserables”
volvieron a utilizar sus recursos y soltaron los lobos mediáticos por el
intento de ponerle impuesto a los mega millonarios.

Una vez más intentan distraernos de una pregunta
fundamental: ¿Debemos como sociedad buscar mayor justicia y equidad en la
distribución de la riqueza que es generada por todos los trabajadores y
trabajadoras? Yo afirmo que sí, y esto me dispara un segundo interrogante: ¿Estamos
como pueblo en condiciones de llevar adelante las acciones necesarias que
democraticen el acceso a los bienes y servicios básicos para una vida plena y
que permita a todos y todas realizarnos como personas?

La clase trabajadora y los sectores populares han demostrado
que están dispuestos a acompañar un proyecto político y social transformador,
si hay un liderazgo claro, democrático, participativo, sin corrupción y sin
privilegios.

En vísperas del 1°de Mayo, como trabajador del Estado
reivindico a mi clase y reivindico a mis compañeros y compañeras que hoy,
enfrentando una de las mayores crisis que está afrontando nuestro país y el
mundo, están en la primera línea de esta batalla.

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