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Andrés Cedrón es el director del film ‘La Caracas’, documental que narra la historia del Gran Premio de la América del Sur, carrera que se llevó a cabo en el año 1948 entrelas ciudades de Buenos Aires y Caracas. El joven director, de apenas 33 años, es neuquino y fue, durante los años en los que trabajó para el Estado de esa provincia,afiliado a ATE. De paso por el Consejo Directivo Nacional de nuestro sindicato, Cedrón charló con El Trabajador del Estado.
– Sabemos que sos sobrino del ‘Tata’ Cedrón.
¿Hay más artistas en tu familia además de vos y tu tío?
La ventaja de la familia Cedrón es que somos muchos. Algunos tuvimos la oportunidad de
dedicarnos al arte y de tener alguna repercusión en lo que hacemos.
Algo que es particular de los Cedrón es que hacemos las cosas con mucho corazón y esfuerzo,
y también de forma autogestionada. En la autogestión tenés que solicitar la ayuda de amigos
y familia, y creo que esa es la razón por la que he podido trabajar con Alberto Cedrón (artista
plástico), con Aníbal Cedrón (artista plástico), con el ‘Tata’ Cedrón (músico), con Lucía Cedrón
(directora de cine), y ahora con Pablo Cedrón, con quien estamos haciendo una serie
web donde él es el guionista y actor, mientras que yo soy el director. Somos una familia que
trata de vincularse y apoyarse en cada proyecto.
– ¿Por qué hiciste ‘La Caracas’?
Mi intención fue la de narrar la olvidada aventura de los pilotos de automovilismo de toda
Sudamérica, entre ellos el consagrado Juan Manuel Fangio, que en el año 1948 emprendieron
una larga travesía recorriendo nada menos que los 10.000 kilómetros que unen Buenos Aires y
Caracas, atravesando los países de Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Esta epopeya me interesó
no sólo por los trascendentes hechos deportivos que sucedieron y que fueron propios de una carrera
automovilística de tal envergadura, sino también porque transcurrió en un año particularmente
convulsionado social y políticamente.
La idea surgió cuando empecé a estudiar cine, a los 24 años. Cuando uno piensa qué historias
quiere contar, es indudable que si uno no tuvo contacto con la historia del Gran Premio de la
América del Sur, ‘la Buenos Aires – Caracas’, quizás no lo tenga entre los proyectos. Hubo
mucha gente que después me vino a decir ‘a mí me hubiese encantado contar esa historia’. Un
poco se lo debo a mi viejo, que fue auxilio del Turismo Carretera a fines de los ’60 y principios
de los ’70. Cada domingo, cuando compartíamos las carreras mirándolas por la televisión,
él me las comentaba y me relataba lo que había vivido. En la época del Gran Premio de
la América del Sur, él vivía en Puerto San Julián y, con tan sólo cinco años, escuchaba por
la radio cómo iba la carrera, cómo iban Fangio o los hermanos Gálvez.
En el 2004, cuando comencé con la realización de esta idea, una carrera que había atravesado
seis países del continente tenía indudablemente una connotación sobre la unidad de los pueblos
latinoamericanos. Por esos años ya estaba consolidado Chávez en Venezuela, y estaban los
gobiernos de Lula en Brasil, de Evo en Bolivia, de Correa en Ecuador, y de Kirchner en Argentina.
Estaban también en un punto clave la conformación del MERCOSUR y de la UNASUR,
y todas esas cuestiones hacían de ‘la Buenos Aires – Caracas’ una historia muy rica del pasado
para contar y para que nos haga reflexionar sobre lo que vivimos hoy en día, y de la importancia
que tiene que estos gobiernos, más allá de las diferencias políticas o ideológicas, se
conformen como un bloque integrado.
– Durante el documental hay muchos diálogos con gente que vivió la carrera, ¿Cómo
fue entrevistarlos?
La verdad es que le debo muchísimo a la gente que participó del documental, porque yo considero
que son el fiel reflejo de lo que era el Turismo Carretera en aquellos años. Hay pocos sobrevivientes,
pero los hijos, nietos y sobrinos hacen todo lo posible para mantener vivo el espíritu, la solidaridad
y los valores que tenían estos corredores. Se brindaron a mí de la mejor manera. El hecho de que
yo sea joven incentivó a que me apoyen, porque ellos, algunos de más de 80 años, veían que era
una buena posibilidad de que alguien joven pudiera contarle al resto de las generaciones que no lo
vivieron, lo que significó la carrera para Argentina y para los demás países latinoamericanos.
Si bien el automovilismo en nuestro país era muy especial, y sigue siendo el segundo deporte, en el
resto del continente no era tan practicado, ni había tantos automóviles. Sin embargo, Fangio, Marimón,
Mansilla, los Gálvez, pasaron a ser ídolos en todos los países que iba atravesando la carrera.
Me pareció que la gente que participó del documental tenía cierto rencor por sentir que ellos fueron
protagonistas de un evento que paralizó al continente y que después de 60 años la sociedad no lo
recuerde. Sentí que los hacía feliz que alguien joven fuera a preguntarles sobre eso.
– En ‘La Caracas’ planteás la proposición ‘La utopía no es sólo la meta, sino también
el camino’. ¿Por qué?
La frase me ha acompañado un poco desde el principio. Desde las ganas de contar esta historia
y como tesis de lo que quería contar. Además del evento deportivo, quería que se vea como un
hecho cultural, social y político, porque me parecía que era de esa manera. La frase está inspirada
en un texto que está en ‘Las Palabras Pensantes’, de Eduardo Galeano, y que trascribe unos dichos
del cineasta Fernando Birri: “La utopía está en el horizonte, un truco del destino.
Si camino dos pasos, dos pasos se me aleja. Si cien pasos camino, se me aleja cien pasos. ¿Para
qué sirve –digo- entonces, la utopía? Para esto sirve –digo-. Para seguir y seguir caminando, mi
amigo.”. Adapté la frase porque tanto en lo social, como en lo deportivo, en lo cultural y en lo
político, me parecía que la carrera era una utopía. Hay que pensar que la mayoría de los corredores
eran simples mecánicos, no pilotos profesionales.
Todos tenían su taller y vivían de arreglar autos. Tener la ilusión de traspasar la frontera argentina
y llegar hasta la otra punta del continente, era sin duda una utopía. Hoy, el Rally Dakar, con todos
sus recursos, sólo toca tres países. La América del Sur tocó seis. La carrera tuvo un gran significado
a nivel progreso. Se abrían caminos y se logró que los pueblos se conocieran entre sí.
– ¿Qué te dejó haber hecho este film?
Con la intención de tratar de contar la unión latinoamericana y metiéndome en la investigación,
me comenzó a llegar información, como que en ese año ’48, unos meses antes de la carrera,
había ocurrido el ‘Bogotazo’, o que en ese mismo año, y no por casualidad, se creó la Organización
de Estados Americanos (OEA), con una fuerte injerencia de los Estados Unidos, y no con una visión
propia, como puede ser la de la UNASUR. También pude entender mejor otro hechos, como el golpe
de Estado en Perú, con el que tomó el poder el General Odría, y que sucedió mientras los
participantes de la carrera pasaban por ese país. Posteriormente los corredores llegan a Caracas,
pasan unos veinte días, y cuando vuelven se sucede en Venezuela el golpe de Estado al presidente
Rómulo Gallegos. Noté la dualidad que se vivía, en la que por un lado se trataba de incentivar la
idea de unión latinoamericana, mientras que por el otro lado, no por casualidad, hubiera una
contraposición de ideas apoyadas por golpes de Estado y destituciones.
Traté de plantear los hechos como para que analicemos por qué se dio una sola vez una carrera
que unió a todos estos países, y por qué no se volvió a correr, lo cual es bastante significativo.
– ¿Se te acercó alguien a plantearte hacer una nueva edición de la carrera?
Hay varios proyectos. La agrupación ‘Clásicos e Históricos del Turismo Carretera’, con su
presidente, Carlos Solveyra, hijo de uno de los corredores de ‘la Buenos Aires – Caracas’, y su
vicepresidente, Jorge Bonomo, a quienes nombro por su gran colaboración, ha organizado ya
tres reediciones simbólicas hasta Caracas, con réplicas de los autos originales. Ese proyecto
está para abrirlo al resto de la sociedad. También hay otro proyecto para el año que viene para
una carrera más larga, que dé la vuelta a todo el continente sudamericano, y que sea el segundo
Gran Premio de la América del Sur. Sin lugar a dudas, el momento político del continente da para
que estos proyectos resurjan. En otros tiempos hubiera sido impensado que una carrera pase los
límites de la Argentina.
– ¿Qué significa para vos, profesionalmente, haber realizado ‘La Caracas’?
‘La Caracas’ es mi primera película, y en realidad siento que, debido al tema y a la escasez
de recursos económicos, adopté una identidad de documental que me parecía apropiada para
lo que se iba a contar. Es un cine con bastantes entrevistas y archivo. No sé si hoy haría lo
mismo, pero estoy totalmente orgulloso de lo que hice.
– ¿En qué lugares se está proyectando?
El documental sigue estando en cartel. Está en el Centro Cultural San Martín, está en el Cine
Cosmos UBA, posiblemente se empiecen a sumar otras salas en la Capital Federal y en el
Gran Buenos Aires. Se estrena el 29 de noviembre en La Plata. Y el 21 de noviembre vamos
a estar presentándola en Caracas, en el Teatro del Celarg, ya que hemos firmado un
convenio con Amazonia Films, la distribuidora estatal venezolana. Esperamos que en el
transcurso del año que viene se pueda ver tanto en Venezuela como en otros países de Latinoamérica,
ya que la idea es replicar el espíritu de aquella carrera con la película.
– ¿Cómo fue tu paso por ATE?
Yo trabajo desde los 18 años, y desde los 19 trabajé en el Estado. Fui afiliado a ATE, en donde
llegué a ser Congresal. En mi provincia estuve en Recursos Hídricos, después en el Instituto de
Seguridad Social del Neuquén (ISSN), así como en la Casa de la Provincia. Eso me permitió
bancar mis primeros estudios. Me identifico con una generación que estudia y que trabaja.
Yo vine a vivir a Buenos Aires desde Neuquén en el año ’99. Eran tiempos convulsionados,
y a mi generación le tocó muy de cerca. Con muchos compañeros de ATE compartí
el 19 y 20 de diciembre en la Plaza de Mayo.