22.05.2014

(NULL)

Guillermo Saccomanno es escritor y guionista de historieta, colaborador de Página/12 y Telam. En diálogo con El Trabajador del Estado, cuenta cómo escribió sus últimas obras, “Un Maestro” y “Cámara Gesell”, y habla de su compromiso social desde la literatura.

Fue galardonado con el
premio “Rodolfo Walsh” a la mejor obra de No Ficción de Temática Criminal del
XXV Festival Literario Semana Negra de Gijón, por “Un Maestro”. El texto se
basa en la vida del docente y militante Orlando “Nano” Balbo, quien fuera
detenido el 24 de marzo de 1976 en el contexto del terrorismo de Estado en la
ciudad de Neuquén, y liberado en 1978. “Nano” declaró en el segundo juicio por
delitos de lesa humanidad cometidos en la región.

 

¿Cómo describirías a
“Un Maestro”?

Es una historia de vida. Yo traté de darle una forma
narrativa para que adquiriera el carácter testimonial. Me parecía que su
experiencia era interesante, no sólo en cuanto a sus años de actividad gremial
sino de más joven inclusive, siendo un pibe que se formó en las luchas agrarias
a los 14 años y que continuaría su vida involucrado con el campo popular.

 

¿Cómo conociste al Orlando
Balbo?

Con el “Nano” hicimos juntos la colimba en el año 1969 o en
1970. Eramos varios estudiantes que veníamos de distintos espacios de
militancia. Después le perdí la pista, e incluso lo pensé desaparecido. Hasta
que pocos años atrás, en San Martín de los Andes, se me acercó un docente
contándome que estaba vivo. Ahí le pedí el teléfono para volver a contactarlo,
a lo que el hombre me dice: `no lo vas a poder llamar porque quedó sordo de la
tortura´. Entonces empezamos a mantener una correspondencia vía correo
electrónico. Me contó de su participación en el gremio docente, en la CTA, y me
invitó a un acto por la memoria en Chos Malal, a participar de un taller con
docentes y otras actividades.

La cuestión es que después de un tiempo le planteo que había
que contar su historia: la cana, la tortura, el exilio, la vuelta, su
participación en un proyecto de alfabetización de una colonia mapuche y su
militancia. El accedió, pero me dijo: `Yo cuento, vos escribís´. Y así fue, el
libro salió. Incluso ahora la Legislatura de Neuquén lo considera de interés
provincial. Algo importante es que el texto es de lectura obligatoria en
institutos de formación docente. De golpe pasó lo más piola que puede pasar con
un libro: que se convierta en una herramienta y exceda lo literario.

 

¿Por qué elegiste narrar
casi toda la historia en primera persona?

Contaba con una ventaja: el Nano, como buen maestro, es un
gran narrador. Lo que hice fue, ni más ni menos, seguir la experiencia de
algunos referentes como Walsh –salvando la distancia ejemplar entre él y yo-,
quien planteaba que había que darle la voz al otro. Y eso hice: lo grabé
durante días, después lo desgrabé y le di una cronología, un orden. Y entre
mail va y viene, capítulo va y viene, viajé varias veces a Neuquén, donde vive
él. Así, de a poco, el libro fue naciendo.

 

Tu último libro, “Cámara
Gesell” comienza de manera provocativa, como si buscaras interpelar al lector…

 Si, empieza sin vueltas. Lo que me interesó fue escuchar las
voces de un pueblo sacudido por problemas graves como la corrupción, la
avaricia, el abuso de poder, los celos, el odio. Prefiero decir que el libro no
lo escribí, lo escuché. De todos modos la villa de la que yo hablo, aunque
algunos piensen que es Gesell, puede ser cualquier pueblo que viva de una
temporada. En un lugar así ves las contradicciones en primer plano, al corrupto
del pueblo te lo encontrás en la cola del supermercado o pagando las cuentas en
el banco. Fuera de temporada te encontrás con el otro Gesell, el laburante, el
desocupado, ves la marginalidad. En fin, ves la realidad.

 

¿Escribís siempre
desde un lugar de compromiso con lo social?

Mi ideología en la escritura es ponerme en el lugar de la
víctima, mi militancia en la literatura pasa por ahí. Ojo, no tengo militancia
política en ningún partido u organización, pero si me llaman de una escuela, un
sindicato o una cárcel, yo voy. Creo que son los lugares que debemos ocupar los
escritores. Más en este momento de crisis en la educación, mas allá de los esfuerzos
hechos por el Ministerio de Educación, que los ha hecho. Por ejemplo, el plan
de lectura fue importantísimo, pero no se arregla sólo con eso. La Educación es
un frente de lucha, y creo que es un lugar del que pueden participar los
escritores.

No estoy hablando de una literatura de bajada de línea, de
panfleto. Por ejemplo, yo creo que Moby dick, uno de los libros más vendidos y
conocidos de la literatura, te deja algo.

 

¿Cómo entendés que
las ventas de libros se vuelquen cada vez más a la literatura de
entretenimiento?

Yo creo que la Literatura es entretenimiento, pero que debe
dejar algo más, interpelar al lector. Si un poder tiene la escritura es el de
cuestionar, subvertir, no dar nada por sentado. Es decir, debe iluminar alguna
zona de la realidad, ya sea literatura fantástica, policial, novela psicológica
u otro género. A fin de cuentas, debe aportar algo.

 

 

 

BIOGRAFÍA

Guillermo Saccomanno nació en Buenos Aires en 1948. En 1972
se incorporó como guionista a la editorial Columba de Buenos Aires, dedicada a
la historieta, en lo que fue el inicio de una carrera como guionista.

Trabajó desde 1974 en la revista Skorpio. Se dedicó durante
estas décadas plenamente al guión de historietas y colaboró con editoriales
españolas, inglesas, italianas y norteamericanas hasta que en 1979 publicó un
libro de poemas: “Partida de caza”. A partir de 1984, se inició en la narrativa
con la aparición de la novela “Prohibido escupir sangre” y su libro de cuentos
“Situación de peligro”.

En 1989 decidió irse a vivir a Villa Gesell, una pequeña
localidad costera de la provincia de Buenos Aires.

Siguió compaginando la historieta -colaboró con la revista
Fierro- y la literatura, con la aparición de “Bajo bandera” en 1991, con la que
logró el Segundo Premio Municipal de Cuento, al que siguieron “Animales
domésticos” y “La indiferencia del mundo”.

La publicación de “El buen dolor” consagró definitivamente a
este narrador nato de compleja fuerza expresiva, y le valió el Premio Nacional
de Novela y el Premio Biblioteca Breve por su novela “El oficinista”.

NOTICIAS RELACIONADAS