06.02.2017

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Titular del
Depto. Jurídico de ATE y Presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas
(AAL)

El Gobierno
dictó un decreto de necesidad y urgencia que reforma la Ley de Riesgos del
Trabajo. No existen razones que lo justifiquen. Y la necesidad de reformar el
sistema no pasa por profundizar el existente, sino por cambiarlo de raíz. Los
accidentes y las enfermedades no son una derivación natural del hecho de
trabajar. La inmensa mayoría de la humanidad, compuesta por los hombres y las
mujeres que tienen la necesidad de vender su fuerza de trabajo para vivir, pone
la mayor parte de su tiempo a disposición de su empleador. Entrega su energía
material e intelectual a cambio de un salario. Se trata de una relación
objetivamente injusta, pero el mercado de trabajo es la esencia del
capitalismo.

El Derecho
del Trabajo ha impuesto límites a esa explotación, a través de una serie de
mínimos que a lo largo de la historia los empresarios han querido reducir. A
eso le llaman “flexibilización laboral”, que no es más que su necesidad de
perforar esos límites mínimos para aumentar sus ganancias.

La dictadura
militar, primero, y los años noventa, después, fueron su demostración reciente.
Respecto de la salud de los trabajadores, el ataque se dio a través de la
“privatización” del sistema, creando las ART, sociedades anónimas cuyo lógico
objetivo es ganar dinero. Tan absurdo es el sistema creado en 1995 que esa ley
ostenta el récord de inconstitucionalidades de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación.

Una de sus
primeras observaciones fue la incompatibilidad de las comisiones médicas con el
derecho de los trabajadores a obtener una reparación justa si sufren algún daño
en su salud. El discurso oficial ubica en los juicios laborales el problema a
solucionar. Paradójicamente, el modo de disminuirlos que impone radica en
darles nuevo impulso a esas inconstitucionales comisiones. Partiendo de
premisas falsas es natural arribar a conclusiones igualmente falsas.

Lo que
provoca los reclamos judiciales de los trabajadores lesionados no es su ánimo
litigante sino el hecho de que se accidentan. Dicho de otro modo, la única forma
de disminuir los reclamos es reducir los accidentes, no cambiar el
procedimiento del reclamo. Suele perderse de vista el verdadero punto de la
discusión acerca de la reforma de la Ley de Riesgo del Trabajo: hacer efectivo
el derecho de un trabajador a volver a su casa sano.

Desde esa
perspectiva entonces, debemos ubicar las verdades causas de los accidentes y
las enfermedades laborales para así evitarlos. Hace cien años Alfredo Palacios
decía: “No conocemos desgraciadamente todavía, debido a la forma social que
rige, la máquina amiga; sólo sabemos del monstruo de hierro, implacable, que
aminora el esfuerzo muscular, es cierto, pero que exige en cambio el esfuerzo
de atención, que provoca el automatismo corporal, haciendo que el ritmo
orgánico se adapte al ritmo mecánico”. Aún hoy el avance de la tecnología no
está al servicio del hombre y de la mujer que trabajan, sino de la
productividad. Es más barato pagar un seguro a una ART que invertir en
prevención, pero reducir los costos laborales no puede ser la consecuencia de
que los trabajadores dejen su salud en la fábrica o la oficina. Por eso el
sistema es perverso y funcional a los accidentes, y la necesidad de su reforma
es mucho más profunda.

Los
empleadores son responsables de evitar los accidentes, pero si los trabajadores
tienen el poder de controlar, los accidentes se reducen. La experiencia de los
Comités Mixtos de Seguridad e Higiene es una demostración de ello. Gran parte
de las víctimas de los accidentes son los trabajadores subcontratados, tercerizados
o precarizados, que no tienen el poder de negarse a hacer una tarea riesgosa
sin los elementos de seguridad necesarios, o frente a una máquina defectuosa.
Es ahí donde los delegados de prevención o el Comité Mixto puede intervenir
para evitar el daño en la salud del trabajador. Pero eso implica para el
empleador, en su lógica, perder poder a manos de los trabajadores, y costos de
inversión en máquinas seguras y elementos de trabajo. El Secretario de Empleo
de la Nación afirmó a comienzos de año que el mercado de trabajo naturalmente
“come y descome trabajadores”. Se trata de una metáfora horrible, pero aún en
esos términos, el objetivo es que de ese proceso gastrointestinal, los
trabajadores salgan ilesos.

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