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El 2 de abril acompañamos a los ex combatientes de Malvinas
del CECIM de La Plata para conmemorar el Día de la Afirmación de los Derechos
Argentinos sobre las Islas Malvinas y homenajear a los soldados caídos. Con
ellos inauguramos un monumento pensado,
proyectado y construido por los propios ex combatientes, con la
colaboración de los trabajadores de ATE del Astillero Río Santiago.
El monumento tiene tres columnas de material revestidas por
cilindros de metal oxidado que se erigen sobre finos listones de acero con los
nombres los ex combatientes del Regimiento 7 de Infantería de La Plata. Cada
cilindro representa a la memoria, la justicia y la soberanía, valores que
expresan una perspectiva distinta para nuestra sociedad. Diferente a la democracia
oxidada que tenemos.
Pocos días después concretamos el primer Paro General contra
la política del presidente Macri con gran masividad y contundencia, en donde
ATE participó activamente a través de
actos y movilizaciones en todo el territorio nacional.
Un marzo
movilizado
Con el paro se cerró un mes en el cual los trabajadores nos
volcamos por millones a las calles en diferentes actos. El Paro Nacional de ATE
los días 6 y 7 de marzo y el acompañamiento a la lucha docente en su reclamo de
Paritaria Nacional; el acto realizado por los trabajadores industriales
nucleados en la CGT; el 8 de marzo, Día Internacional de los Derechos de la
Mujer Trabajadora que pararon en todo el país por el reconocimiento de los
derechos e igualdad de la mujer, proyectándolos incluso a todo el mundo. Y el
hito fundamental del 24 de marzo, Día de la Memoria, cuando nuestro pueblo, una
vez más, ratificó los valores: Memoria, Verdad y Justicia. Así llegamos al Paro
General del 6 de abril que completó y le dio unidad a todas estas
multitudinarias expresiones.
La actitud del
gobierno ante eso ha sido la de desoír los reclamos, descalificar a quienes los
expresamos y ningunear a las multitudes para confundir a nuestro pueblo.
Envalentonado por el apoyo de quienes lo votaron y aun no se arrepienten.
Por eso el Paro General de las y los trabajadores fue un
momento de apertura a otro tiempo del debate político y social en la Argentina.
Si el gobierno no responde a estos reclamos se hace necesario plantearnos:
¿Cómo encontrar una solución a los problemas?, ¿Cómo encontrar salida a esta
encrucijada en que nos pone la política gubernamental?
Día a día cae la actividad productiva, cierran los
comercios, los talleres, las industrias, aumenta la desocupación y la
precariedad laboral; mientras tanto el gobierno intenta destruir las
organizaciones sociales y sindicales y profundizar las divisiones en el seno
del movimiento popular planteando falsas antinomias.
Los argentinos necesitamos cambios para mejor, no para
volver atrás, no para retomar el camino que nos llevó a la crisis del 2001, ni
volver a las opciones que nos trajeron a este presente. Y en ese debate que se
está dando en la sociedad argentina, el
Paro vino a mostrar al mismo tiempo las potencialidades y los limitantes de la
posibilidad de construir una
alternativa.
La potencialidad está en la unidad y la masividad ya
expresadas en las calles pero necesita construir y profundizar formas de
organización nuevas que representen y expresen la libertad sindical en la
Argentina; que permitan plantear alternativas y hagan vislumbrar una salida
diferente a las que en estos 32 años de democracia oxidada se han gestado en
nuestro país. Porque la memoria de nuestros caídos en Malvinas y de los 30 mil
desaparecidos se merece que los argentinos seamos capaces de construir una
democracia reluciente, plena de justicia y soberanía popular distinta a la
democracia oxidada del Monumento de Malvinas.
Un abril para el
debate
En ese contexto,
abril es un mes muy oportuno para ATE porque es el mes de las asambleas en las
seccionales, de los congresos provinciales y la antesala del congreso nacional.
Allí nuestra organización está convocada a ponernos a la vanguardia en el
debate sobre el futuro de los trabajadores, de la democracia, del gremio y de nuestra Central. Para definir
mucho más claramente hacia dónde vamos con debates que nos permitan acrecentar
la formación de nuestros dirigentes para tener más claridad en el presente y
ante el futuro de nuestra sociedad.
Cuando en el 2002 en el Congreso de la CTA decidimos avanzar
en la construcción de un movimiento político, social y cultural de liberación,
nos pusimos un horizonte hacia el que todavía estamos transitando. Eran épocas
de crisis de gobernabilidad y de hegemonía neoliberal fuertemente cuestionadas
por la mayoría de nuestro pueblo.
La rebelión del 2001 abría un tiempo nuevo y la posibilidad
de construir nuevos caminos, nuevas posibilidades. Y de todos los escenarios
posibles frente a esa crisis del modelo,
se impuso la vía del reencauzamiento de esas energías a través de la cooptación y la fragmentación
de las organizaciones populares.
Finalmente el año 2015 marcó un tiempo de restauración de la
hegemonía neoliberal, marcó la reconstitución de la gobernabilidad del poder
que se coronó con la instalación en la presidencia de la Nación de un hijo
dilecto de los grupos de poder, como nunca antes en los últimos cien años, a
través del voto democrático.
Esta realidad nos impone el profundo desafío de ponerle
límite, de frenar el consenso que le está dando sustento a esta agresiva
ofensiva de transferencia de riquezas desde los sectores populares a los
sectores más concentrados de la economía, de reinstalar una tercera reforma del
Estado volviendo a ponernos a los trabajadores estatales como demonios sin tener
en cuenta las propuestas que los estatales generamos para construir un Estado
más democrático y popular.
En este tiempo se hace indispensable, ya lo hemos dicho
varias veces, reinventar nuestro gremio, reinventar nuestra CTA, ser capaces de
encauzar nuestras energías hacia la concreción de ese objetivo pendiente de
construir un movimiento liberador en la Argentina que nos encamine hacia
horizontes nuevos.
Sin ninguna duda, tendremos la oportunidad en las próximas
asambleas y en los próximos congresos de abordar estos debates para integrar la
lucha cotidiana que desarrollamos con el protagonismo de siempre.
El aporte de ATE
Fuimos protagonistas el 24 de febrero del 2016 y lo estamos
siendo este año con los dos paros que ya hicimos, en el camino hacia la
construcción de cambios profundos en ATE y en nuestra CTA Autónoma.
Cambios que nos permitan modificar lo que hay que modificar
y ratificar lo que hay que ratificar en nuestras estructuras organizativas para
que tanto en ATE como en la CTA A seamos capaces de abrir mayores espacios de
participación y de protagonismo en la toma de decisiones. De unir las luchas, la
formación de nuestros cuadros dirigentes, la capacidad de debate sobre cómo
hacer más eficientes y participativas nuestras estructuras organizativas; y al
mismo tiempo profundizar el debate sobre el rol del Estado y las políticas
públicas para construir un Estado democrático y popular.
ATE tiene mucho que
aportar para la construcción de una estrategia política nacida desde los
trabajadores y capaz de articular la unidad del conjunto del movimiento popular
en busca de una salida emancipadora.
La autoconvocatoria a una Constituyente Social, iniciativa
política desde una estrategia autónoma de los trabajadores, que fuimos capaces
de vertebrar hace unos años y que quedó pendiente ante la agresión
gubernamental divisionista del campo popular, es una referencia insoslayable
para pensar, para imaginar, para soñar nuevas líneas de intervención, para
reconstituir la unidad del movimiento popular en la Argentina. Una unidad que
permita alentar perspectivas alternativas para el futuro de nuestro país y de
nuestra democracia.
Terminar con el óxido de la democracia sólo será posible si
somos capaces de construir más poder popular y más capacidad de lucha en torno
de objetivos nuevos que nos trasciendan como clase trabajadora y como pueblo
hacia una sociedad basada en los tres pilares de los que hablaban los ex
combatientes de Malvinas: Memoria, Justicia y Soberanía.