08.05.2017

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Fue el 9 de mayo de 2001, cuando a los 86 años, Framini
asistió a un acto de homenaje a Eva Perón, en el local del sindicato de
trabajadores estatales ATE en cuyo ámbito pronunció un discurso y presenció la
película Perón, sinfonía del sentimiento de Leonardo Favio. En esas
circunstancias sufrió un ataque que le causó la muerte inmediata.

A partir del histórico 17 Octubre de 1945, hubo decenas de
dirigentes sindicales que se hicieron “peronistas”, reafirmando desde distintas
procedencias ideopolíticas su “lealtad” con el Coronel Perón, liberado por la
presión movilizadora de las masas populares, mientras muchos de aquellos aún
permanecían debatiendo en el interior de la CGT sobre si convocaban al paro, o
no.

Andrés Framini, nacido en Berisso, Provincia de Buenos
Aires, el 2 de agosto de 1914, para ésa fecha, con 31 años de edad daba inicio
a su caminada por la representación sindical, al haber sido elegido delegado de
la fábrica textil Piccaluga, donde trabajaba, ubicada en Barracas. Desde
entonces comenzará a incursionar en las filas del primer peronismo puro. No “se
hizo” peronista. Era un peronista. “Perón me abrió la cabeza. Desde entonces
supe que no tenían derecho a explotarme”.

Para cuando Perón fue electo Presidente, hacía un año que
era secretario general de la rama lana, y en 10 años más, en 1952, llegará a
representar a los trabajadores de la industria textil, como secretario general
nacional.

Cuando el Estado de Bienestar y Participación atravesaba su
peor momento jaqueado por las “fuerzas vivas” (la Sociedad Rural, la Unión
Industrial, la Bolsa de Comercio) con el respaldo de los sectores
ultranacionalistas y eclesiásticos del Ejército y la Marina, la partidocracia
gorila, y las cúpulas de la Iglesia Católica y los empresarios de la prensa
canalla, aquella dirigencia obrera aburguesada, no oculta la falsedad de sus
convicciones, llegando, sino que la máxima conducción cegetista dio el abrazo
de bienvenida a las autoridades militares golpistas, siendo despedida sin
preaviso “Sepan Uds. Señores que ésta revolución se hizo para el hijo del
barrendero, muera barrendero”.

Andrés, fue uno de aquellos dirigentes que, el 16 de
setiembre, día del golpe cívico militar del 55, se dirigió a la CGT, pensando
en participar activamente de un acto de resistencia inmediato. La cúpula se
había movilizado días antes, ante el mismo Perón, comprometiendo la sangre de
los trabajadores de ser necesario para defender al Gobierno. Pero aquél día las
puertas se encontraban cerradas y el último foco de resistencia se daba en
Córdoba, en los talleres de IME.

Framini, junto a Luís Natalini y Dante Viel del personal
Civil de la Nación (quien se verá obligado a desistir del cargo por su
dependencia laboral en relación al Estado), se harán cargo de la conducción de
la central obrera. Pero será por poco tiempo ya que será designada una
intervención militar, tras el desplazamiento de Lonardi por la dupla de mano
dura Aramburu-Rojas.

La Resistencia Peronista había nacido, y Andrés Framini será
uno de ésos leales auténticos. Será uno de los líderes de la denominada CGT
Auténtica. Desde la clandestinidad será uno de los organizadores del frustrado
levantamiento cívico-militar conducido por el general Juan José Valle el 9 de
junio de 1956, que fuera severamente reprimido con el fusilamiento de 27
civiles y militares, incluyendo los fusilamientos clandestinos de León Suárez.

Framini fue uno de los cuatro hombres que comandaron la
insurrección, que recibió el nombre de Movimiento de Recuperación Nacional 9 de
Junio, junto con el dirigente sindical metalúrgico Armando Cabo y los generales
Valle y Raúl Tanco. Durante el mismo, Andrés permaneció en la sede del Comando
del levantamiento, instalada en Avellaneda.

En las elecciones normalizadoras realizadas en 1957, la
lista socialista de los textiles fue derrotada por una alianza entre peronistas
y comunistas, resultando elegido secretario general Juan Carlos Loholaberry, un
dirigente “amarillo”. Framini había sido legalmente inhabilitado por el
gobierno militar para ser candidato, y deberá esperar, en persistente acción
militante hasta 1962 en que recupera el gremio.

En agosto de 1957 el gobierno militar organizó el Congreso
Normalizador de la CGT, bajo le presidencia del interventor de la central,
capitán de navío Alberto Patrón Laplacete. Framini fue delegado al mismo por la
AOT y una de las figura destacadas. En los prolegómenos del encuentro el
peronismo realizó alianzas con el comunismo y los sindicalistas independientes,
con el fin de evitar el triunfo de las corrientes sindicales que apoyaban al
régimen militar. Al momento de obtener mayoría para controlar las credenciales
de los delegados, los delegados oficialistas se retiraron, dejando sin quórum
al congreso, que de ese modo fracasó.

En noviembre de 1957 Framini participó del Plenario Nacional
de Delegaciones Regionales de la CGT y las 62 Organizaciones efectuado en La
Falda (Córdoba), que aprobó el famoso Programa de La Falda "para la
independencia económica". Una de los más brillantes programas obreros, que
ponía en evidencia la capacidad de liderazgo político de la clase trabajadora
al momento de superar el plano meramente reivindicativo por sobre los límites
de las conducciones político-burguesas del movimiento nacional. Control estatal
del comercio exterior, liquidación de los monopolios extranjeros,
nacionalización de las fuentes de energía, de los frigoríficos extranjeros,
control del crédito por parte del Estado, expropiación de los latifundios,
fortalecimiento del cooperativismo agrario, control obrero sobre la producción
y la distribución de la renta nacional. Un verdadero programa de realizaciones
pendientes.

Un programa propuesto en el momento en que lo central y lo
accesorio de las urgencias políticas del movimiento obrero, quedaban sujetas a
las urgencias tácticas y estratégicas del conjunto del peronismo, y que tenían
que ver con el exilio del General, sus lineamientos desde Madrid y el Retorno.

Siendo Presidente de la Nación Arturo Frondizi, estando
Framini de nuevo al frente de su gremio en 1962, Perón desde su exilio decide
que sea quien encabece la lista a Gobernador por las Provincia de Buenos Aires,
tras la apertura frondicista que permitió la presentación de candidatos
peronistas en las elecciones provinciales del 18 de marzo de 1962, utilizando
nombres partidarios nuevos, como el de Unión Popular, Partido Laborista, y Tres
Banderas.

El triunfo de la fórmula Framini-Anglada será el detonante
de la caída del frondicismo y la anulación del acto electivo.

En febrero de 1966, las 62 Organizaciones se dividen ante el
avance de Vandor, que buscaba organizar un "peronismo sin Perón".
Framini integró el sector antivandorista, liderado por el secretario general de
la CGT José Alonso, denominado "De Pie Junto a Perón".

En 1968 Framini fue derrotado por Juan Carlos Laholaberry en
las elecciones por la secretaría general de la Asociación Obrera Textil.

Seis años más tarde, en 1974, creó junto con Sebastián
Borro, Dante Viel y Armando Cabo la "Agrupación del Peronismo
Auténtico", dentro del Partido Justicialista. Un año después ya muerto
Perón, Framini integró el grupo fundador del Partido Peronista Auténtico, al
que renuncia poco después, disconforme con la conducción.

Instaurada la dictadura genocida de 1976, un grupo de tareas
fue a su casa a secuestrarlo, pero no pudo encontrarlo. Framini vivió entonces
escondido durante varios meses.

Con la llegada de la democracia, durante el gobierno del
Presidente Menem fue enfático y frontal detractor de su gestión presidencial.

En los comienzos del 2000 supo dar su respaldo al Polo
Social que encabezara el ex cura del Tercer Mundo padre Luís Farinello.

Al momento de su muerte no recibía pensión y contaba como
única propiedad un departamento de un ambiente y medio.

Su última aparición pública, fue la noche de su muerte en un
acto de memoria colectiva, de ésos que la ATE, desde la recuperación
democrática a manos de la Agrupación ANUSATE, mantiene como guía en el sendero
de sus luchas.

Y no era casual el acercamiento a ésta sede nacional de los
trabajadores del Estado, cuando tanto Andrés, como Sebastián Borro, veteranos
dirigentes de la Resistencia, y fervientes opositores a toda formalización
burocrática del sindicalismo, veían con respeto militante el nacimiento de la CTA.

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