06.04.2012

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<p style="text-align: justify;"> La lucha sigue. Catamarca, La Rioja, Mendoza, San Juan son algunas de las provincias donde los pueblos se ven afectados directamente, sin embargo es en todo el país donde se debe tener conciencia de esta problemática.</p>

La mega minería contamina y depreda nuestros recursos a lo largo y lo ancho del territorio cordillerano, destruye economías regionales, desarticula la organización misma de los pueblos que lindan los emprendimientos y en muchos casos corrompe la voluntad de quienes tienen la obligación de gestionar y velar por los intereses comunes. Este flagelo es grande, como también es grande la entereza y la fuerza de los ciudadanos libres que deciden su propio destino. Las grandes multinacionales vienen por las ganancias, para ellos descomunales por cierto, y piensan a corto plazo. Su lógica es la de extraer riquezas hoy, sin importar el mañana. Todo lo contrario a trabajadores, jóvenes, jubilados, todos hombres y mujeres de nuestro país, que comprendieron que si no hay mañana no hay nada. Las pocas migajas que puedan dejar en este territorio Osisko o la Barrick Gold no son suficientes, y mucho menos dignas de este valiente pueblo. De nada valdría que 50 personas cobren un sueldo muy alto a cambio de que en 5 años esta zona esté señalada por el mundo como una zona contaminada y que toda su producción, sea la que da la tierra o la que da el agroindustria, sea rechazada por el mundo porque viene de una zona contaminada. El 26 de enero, en La Rioja, 15 mil ciudadanos consiguieron una importante victoria, la de impedir un nuevo emprendimiento minero y a la vez hacer visible este problema. Este conflicto regional o local (si bien a primera vista lo es, aunque el agua contaminada es de todos los argentinos) se convirtió en una causa nacional. Allí se ganó una batalla real en la que el pueblo levantó su voz para decidir su futuro. De todos modos, si la mirada es global tenemos que entender que esta valiosa lucha desgraciadamente no es suficiente. Los gobiernos provinciales, con el aval del Ejecutivo Nacional, continúan apoyando y encubriendo a las grandes multinacionales que depredan el territorio.
Quizás lo más esperanzador fue que no hubo ninguna seccional de ATE que no haya hecho un llamado telefónico o mandado un mensaje de aliento en el momento de la pelea. A nosotros nos ayudó que no haya pasado desapercibido el problema que pasaba. Esta toma de conciencia no debe esfumarse, sino todo lo contrario: debemos unirnos para que la lucha sea de todos los argentinos.
Nuestro objetivo debe ser que en todo lugar se deben atesorar los valores de autenticidad de cada pueblo que da pelea, para así hermanar a todos detrás de una causa pero sin perder los matices y valores diversos.
Tenemos que convocar distintos encuentros de los Consejos Directivos Provinciales en Catamarca, o donde sea más útil, para consensuar políticas de defensa de nuestro medio ambiente y de todos nosotros, los que habitamos esta tierra. Esto significa sumar organización a la voluntad popular, para hacer más efectiva y menos desgastante la lucha, y para contrarrestar el gran poder económico y la protección política con que cuentan las multinacionales.
Como organización tenemos que lograr acompañar la lucha de nuestro pueblo para que la pelea no sólo se trate de actos espasmódicos de resistencia, sino más bien para lograr
convertirla en ofensiva y así conquistar una verdadera soberanía nacional y, por sobre todas las cosas, una soberanía popular

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