Oscar Mengarelli: un “Cacho” de ATE
El de Villa María es un dirigente de ATE tan histórico como entrañable. Hoy integra el Centro de jubilados con la misma pasión que ayer fundó ANUSATE.
Cacho Mengarelli nació hace 69 años aunque no lo parezca.
Hijo de Eduardo, reconocido rugbier de la zona, y de Agustina, de la que heredó
su optimismo y el sentido del humor. Al igual que su hermana Nora.
Tuvo una niñez hermosa -le gusta reconocer- de fútbol y
básquet en el Club Unión Central, de barra de amigos y mucho río. De familia
unida, sin lujos ni carencias.
Como no se tomaba muy en serio los estudios secundarios,
el viejo lo mandó a laburar prontamente. Deambuló por changas y comercios hasta
que encontró el trabajo que lo marcaría para siempre: la Fábrica Militar de
Pólvora y Explosivos Villa María. Allí entró en la sección Suministros a
principios de los setenta en la categoría de eventual, luego pasó a planta
transitoria y finalmente fue “permanente” cuando la mítica fábrica tenía más de
mil trabajadores.
“Yo venía de un hogar radical y admiraba enormemente al
Che Guevara. Pero allí me encontré con que el 85 % de los trabajadores eran
peronistas. Y algunos de ellos, los mejores tipos que encontré en mi vida. Por
esa razón, me afilié al Partido. Y lo hice un día muy especial: el 24 de marzo
de 1976”.
Por ese entonces la insalubridad era un tema muy
importante, los milicos manejaban la fábrica a su antojo y la dirigencia de ATE
no activaba demasiado. Así fue que los más jóvenes comenzaron a hacer asados en
el Club Huracán -que continuaban en la milonga- y entre matambres a la parrilla
y vinachos forjaban la conciencia de clase y unían a los fabriqueros.
“Estaban los hermanos Álamo, una institución en la
fábrica, y uno de ellos, Marcelo, era un gran cocinero. El me decía: ´yo te
junto a la gente y vos bajale línea`. Eran los “matambres clasistas” que
empezaron como joda pero terminaron siendo un vínculo ideológico y político”.
Por esos años la elección de delegados era nominal, se
hacía una reunión con los compañeros del sector, se levantaba la mano y elegían
delegado sin acta ni nada. Pero era tal la dispersión de los trabajadores que
la reunión nunca se podía concretar.
Un día “Cacho” hace escribir una nota que decía “los
abajo firmantes, trabajadores del sector de Almacenes, hemos elegido en
asamblea en el día de la fecha al compañero Oscar Alberto Mengarelli para que
nos represente como delegado del sector” y salió a buscarlos uno a uno para ver
si estaban de acuerdo. Todos la firmaron.
“Me elegí yo solo.
Me convertí en autodelegado demostrando que siempre fui un irrepresentativo
(risas) Eso sí, todos pusieron el gancho, ninguno me cuestionó”.
Así integro el cuerpo de delegados y las cosas empezaron
a cambiar en la fábrica, fruto del nuevo empuje surgido de aquellas comilonas
sabatinas.
La primera gran lucha que recuerda fue cuando denunciaron
los malos tratos y el exceso de peso que levantaban los trabajadores al cargar
los explosivos que se vendían a Bolivia. Fue elegido como veedor sindical y
paró la carga totalmente. Ante la sorpresa de los militares y la conducción de
la seccional –era la primera vez que se hacía un paro propio en la fábrica-, se
aceptaron todas las condiciones. Se convirtió en referencia de sus compañeros
junto a su amigo Osmar “Gallo” Zapata, el primer capataz delegado gremial que tuvo
la fábrica.
Por el año 74 participan en ATE a través de una
subcomisión mutualista y por su gran actuación, más temprano que tarde, llegan
a la conducción de la seccional tras el abandono de la histórica lista Azul y
Blanca. Cacho como secretario General y El Gallo como su adjunto.
La joven conducción logró las 6 horas en los sectores
insalubres y que la fábrica se haga cargo del transporte de los trabajadores
pero hubieran conseguido más cosas si no fuera por el Golpe militar que estalló
en marzo de 1976.
Por aquellos años, ATE Nacional era conducido por Juan
Horvath, un dirigentes que intimaba con los marino y fue a la OIT a blanquear
la dictadura. Esta actitud colaboracionista indignó a muchos en el gremio que
fueron en diciembre de ese año al Congreso Ordinario realizado en La Falda a
mostrar su rechazo.
Fue en la pieza del legendario Héctor Quagliaro donde
resolvieron darle forma a una
agrupación que nacería un años después y que triunfaría en las elecciones del
84, tras la recuperación de la democracia junto a tipos como Víctor De Gennaro,
Germán Abdala, Carlos Custer y tantos más.
Pero antes que eso, a él como a muchos otros los echan de
su trabajo e incluso del sindicato. Desempleados y “señalados como zurdos”, en
tiempos de genocida represión, junto a su compliche Zapata ejercen distintas
profesiones para parar la olla sin dejar de militar en la incipiente Lista
Verde.
En 1985, cuando estaba por viajar a una jornada de
formación en Venezuela, se entera que había llegado el telegrama de
reincorporación a la fábrica. Al regreso se presentó temblando de emoción y con
el sonar de la tarjeta al fichar, después de 9 años mirándola de afuera, se
escuchó un estruendoso aplauso de todos sus compañeros que lo estaban esperando
para abrazarlo.
“Fue una sensación que pocas veces he sentido en mi vida,
muy pocas. ¡Las ganas de volver que tenía! ¡Recuperar mi historia, mi
identidad! Y el recibimiento de mi compañero…aún me emociono al recordarlo”.
Rápidamente se incorporó al cuerpo de delegados como
presidente y no pasó mucho tiempo para que la fábrica parara nuevamente por los
retiros voluntarios de Alfonsín. El primer paro pos dictadura.
Luego vino la conducción de la Seccional provincia de
Córdoba (que reunía a diversas ciudades del interior) y el cargo de secretario
General del Consejo Directivo Provincial cordobés entre el 91 y el 99 dando
pelea como todo ATE a las políticas entreguistas del gobierno de Menem. Después
fue secretario General de la CTA provincial y de la capitalina hasta que en el
2015 se terminan sus años de activo y se jubila.
En la actualidad integra la Comisión Normalizadora del
Centro Nacional de Jubilados y Pensionados, es Congresal Provincial de la CTA
de Villa María e integra el Foro Solidario, un colectivo integrado por viejos
militantes sindicales, centros de jubilados, organizaciones barriales y grupos
vecinales.
Si se le pregunta que significa ATE en su vida, le gusta
responder que fue el lugar que lo marcó como ser social: “Le dio a mi vida, al
igual que mi familia (Fany; Fernanda, Virginia y Mariana; Agustina, Malena y
Julián: cascabeles cómplices que alegran mi vida), los más trascendente que
pude construir hasta hoy. Me llenó de afecto porqué en ATE, en ANUSATE y en la
CTA yo conocí a la mejor gente”.
Y no quiere terminar esta evocación sin recordar a sus
imprescindibles: “Villa maria, los Cros y Cras que ya no están, los de siempre-
muchos jubilados como yo- los jóvenes, los y las pares con los que construimos
ANUSATE, ATE, CTA, y sus derivados; El Colorado Quagliaro, Zucoti, el Gallego
Requena (fundador de la CTERA, desaparecido) y
su compañera, Soledad García; el Gallo Zapata y todos los compañeros y
compañeras que seguimos peleando, por la vida, los derechos humanos, sociales,,
políticos, sindicales; por la libertad y la justicia social, la soberanía y la
liberación nacional. Porque somos parte de ese universo entrañable, necesario
para alimentar utopías esperanzadoras, que a pesar de los dolores y los atajos
reaccionarios que nos ponen en el camino, al final tercamente venceremos”
Nacer de nuevo
En el año 2013 Cacho y 4 compañeros más iban a Buenos
Aires a sacar un apoyo a la lucha de los presos políticos de la pueblada Corral
de Bustos en la Legislatura porteña. Una lucha ganada, como le gusta decir, que
le dio mucho sentido a su vida.
La camioneta en que viajaban, cerca del peaje de Rosario,
por una mala maniobra de un camión, muerde la banquina y terminan dando cinco
vueltas antes de detenerse destrozada.
Cacho, el conductor, quedó aprisionado entre los fierros
con costillas quebradas, un pulmón perforado, más tres vértebras y el esternón
rotos y una camioneta seguía humeando.
Sus compañeros consiguieron desconectar la batería para evitar un incendio y
los bomberos, moladora por medio, lograron rescatarlo y llevarlo al hospital.
Allí lo armaron de nuevo tras estar 20 días inconsciente
y otros tantos delirando (por el shock postraumático) en el Hospital de
Hemotorax Clemente Álvarez de Rosario: ¡Cuando yo tuve el accidente la
solidaridad fue impresionante! Soy
rosarino por segundo nacimiento porque me armaron de nuevo en el hospital del
que estaré eternamente agradecido al igual que de Gustavo Martínez, el Perro
Daz, Leti Quagliaro y todos los compañeros que dieron sangre y me mimaron. Yo
digo que toda esa energía me ayudó a sobrevivir.
Honoris