‘Tenemos que terminar con el hambre, es una inmoralidad’
Así lo afirmó Víctor de Gennaro. En Lanús, se dan 75 mil raciones de comida a través del aporte de la Provincia de Buenos Aires.
Víctor de Gennaro es Dirigente Nacional de Unidad Popular, Integrante del Movimiento Lanús Libre de Hambre, y Diputado Nacional (MC).
persona que no tiene un trabajo permanente o reconocido legalmente -porque la
mayoría de la gente tiene trabajo ilegal, clandestino, precario-, y 4 mil pesos
de salario universal por hijo, eso sale en la Argentina el 5% de todo lo que
producimos y no habría más pobres por nivel de ingresos.
-¿Cómo considera que esta pandemia va a afectar a los
sectores más vulnerables, fundamentalmente, en una cuestión tan delicada como
es la cuestión del hambre?
-Víctor de Gennaro: Ante la situación que estamos viviendo
con la llegada de la pandemia -a falta de una vacuna que evite los daños que
provoca-, la actitud que tuvo el Presidente (Alberto Fernández) de privilegiar
la vida al negocio ha permitido estar mejor que en otros pueblos o en otras
naciones donde -como manifestaron Piñera, Bolsonaro o Trump en sus respectivo
países-, privilegiaron el negocio y no la vida y eso ha traído desgracias
calamitosas. Acá se ha tratado de organizar lo mejor posible ganando tiempo al
tiempo para evitar ese colapso del sistema de salud, que está siempre en riesgo
en función del aumento de los contagiados o de los fallecimientos. Me parece
que esa actitud habilitó a que tengamos, con todas las dificultades del caso,
que asumir esto como una necesidad. Ahora claro, la calidad de vida de ese
aislamiento es lo que está en juego: no es lo mismo vivir en los barrios
hacinados del Gran Buenos Aires, en los barrios vulnerables de las grandes
ciudades del país, que tener otra disponibilidad de vivienda, de acceso al agua
potable, de acceso a la electricidad o hasta la conectividad, con todas las
dificultades que se están demostrando en la crisis educativa que tenemos. Me
parece que este grado de desigualdad exige que se atienda lo prioritario que es
la vida. Y al mismo tiempo evitar que se cumpla este designio, que no es divino
sino que es planificado, que comentan y fomentan los periodistas de las
empresas hegemónicas de la comunicación que nos quieren convencer de que vamos
a tener que estar más pobres, más desocupados, en peor circunstancia cuando
salgamos de la pandemia. Y eso se juega hoy, no se juega al final. Yo voy a
poner un ejemplo: el Movimiento Lanús Libre de Hambre se funda el 15 de febrero
de este año, como resultado de las reuniones que veníamos realizando hace
tiempo y ya habíamos hecho un mapa del hambre –que lo transformamos en el mapa
de los luchadores del hambre-. En Lanús había más de 3.500 compañeras y
compañeros que todos los días daban de comer antes de ese día. Y teníamos 16
mil raciones diarias, porque se habían bajado por el final de las vacaciones
unas 20 mil raciones que se daban en la escuela de verano. O sea que lo normal
eran 36 mil raciones de comida diarias. Hoy están entre 75 mil y 80 mil las
raciones de comida que se dan a través del aporte de la Provincia de Buenos
Aires, también del aumento de dinero que se le dio a la Municipalidad de Lanús
para que se aporte más a los comedores históricos. También los cultos
religiosos, tanto la iglesia católica como la evangélica tienen una ayuda extra
por empresas y nosotros observamos que en Lanús crecieron las ollas
populares. Pero esto no es solo
patrimonio de Lanús, sucede en todos lados donde se multiplican las ollas populares
de los vecinos, es maravilloso. Las mujeres siempre han estado a la cabeza de
la lucha por la vida, desde los noventa en adelante, una y otra vez salvando, y
salvar la vida de un pibe es un acto revolucionario.
-¿Ante la situación de crisis la solidaridad entre los
ciudadanos se hizo más evidente?
-V. de G.: Te pongo un ejemplo para que dimensionemos: los
clubes de barrio están casi todos involucrados haciendo comedores, pero también
los equipos de fútbol barriales como Tumba Birra, El Morrón, Los Pibes del
Barrio Pampa, La Resaca, esos pibes están haciendo ollas populares. Los jóvenes
se pusieron al frente. Entonces me parece que esa solidaridad hizo que esto
creciera. Y además una decisión política importante del Gobierno Nacional de
dar la Tarjeta Alimentaria, el IFE, que si uno piensa en que el 50% como mínimo
se gasta en comida, estamos hoy en las 200 mil raciones de comida entregadas o
financiadas. Ahora, claro que Lanús tiene hoy 250 mil habitantes bajo la línea
de pobreza, de los cuales 80 mil son indigentes. Si hacemos esta proyección a
nivel nacional -Lanús es una comunidad mediana y es bastante asimilable-,
estamos hablando que hay más de 300 mil personas que dan de comer todos los
días, sin ser reconocidas la mayoría con un salario, que dan alimento a los
millones de hambrientos en la Argentina.
-¿Las políticas del Gobierno de fortalecer a los sectores
más desfavorecidos por la crisis económica está haciendo menos brutal la
situación?
–-V. de G.: Casi con seguridad que este aporte que se ha
hecho con el IFE o la Tarjeta Alimentaria también fortalece eso, así que me
parece que estamos en un momento que es una oportunidad, faltaría algo más, en
el caso de Lanús, cien mil comidas más. Y si se estabiliza, no hay hambre en
Lanús. Quiere decir que no es una utopía, está ahí, ahora esto se tiene que
hacer solidariamente, pero fundamentalmente, planificando. Así como el hambre
ha sido planificado en la Argentina, es una herramienta de dominación y la
comida se transformó en poder, lo que hay que hacer es que frente a esa causa,
establecer ese diagnóstico y organizar, convocar a ese pueblo que da todos los
días de comer. Y el Gobierno, a través del Estado, tiene que garantizar que se
logre de una manera u otra: financiando con plata en el bolsillo, con un
salario básico universal, canalizando la solidaridad de todos los sectores
populares o dando comida a través de las escuelas y de las instituciones del
Estado, pero tenemos que terminar con el hambre que es una inmoralidad, sobre
todo en una Argentina que es fabricadora de alimentos. Y además sería una gran
contribución para atacar a este flagelo que es la pandemia.
-A veces da la sensación que la Argentina es un gran
productor de alimentos para las naciones poderosas hacia las que se exporta lo
mejor de lo que se produce, ¿usted cómo lo considera?
–-V. de G.: La Argentina es un productor de alimentos que no
se usa para el pueblo, se usa para exportar y permitir las grandes ganancias de
los grupos concentrados que saquean nuestros recursos, los aprovechan y entran
en un proceso que no garantiza lo mínimo para nuestro pueblo y esto es una
decisión política. Yo siempre uso un ejemplo muy sencillo: cuando uno va con un
dolor de panza al médico y el médico cree que es un tumor, te opera; si cree
que es una dolencia psicológica, te manda a un psicólogo, y si no, te da un
calmante; ahora, si cree que estás empachado te manda a la curandera. El
diagnóstico es la clave para la solución. Hay que ver el diagnóstico. En 1975,
en la Argentina, el INDEC medía la pobreza solo en Capital y Gran Buenos Aires;
su director Carlos Noriega quería extenderlo a todo el país porque para
planificar hay que tener información. Y en 1975 la pobreza era 6%. Cuando
Martínez de Hoz entra con la dictadura genocida, secuestran a Carlos Noriega y
a varios compañeros del INDEC -Noriega era desarrollista, un hombre que quería
tener un proyecto de planificación-. A Noriega lo secuestran y no apareció más,
es un detenido-desaparecido. Y el INDEC no hizo más encuestas hasta 1980 que
fue obligado porque se tenía que hacer el Censo por los acuerdos con el BID
(Banco Interamericano de Desarrollo) y los créditos internacionales. ¿Cuánto
midió la pobreza en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires? 24%. Cuatro años
de una política económica que, como dijo Rodolfo Walsh en esa famosa carta del
24 de marzo de 1977: todos los crímenes lacerantes y las atrocidades que hoy
están cometiendo son poca cosa comparada con los millones que van a sufrir con
el genocidio planificado mediante las políticas económicas. Ese es el problema
que tenemos, ahí está la causa y para enfrentarlo hay que cambiarlo. Ahora,
¿por qué lo planificaron? Porque necesitaban disciplinar socialmente: el hambre
hace que uno quiera sobrevivir y acepte condiciones indignas de trabajo, por
eso se acabaron los convenios colectivos, se desestructuró el trabajo
permanente. Necesitaron hacer eso para que hoy la mayoría de la clase
trabajadora esté precarizada o desocupada y trabaje por lo que sea y si no te
gusta, te vas. Evidentemente, para resolver eso, hay que volver a empoderar a nuestro
pueblo y a los trabajadores. Y el primer empoderamiento es comer, para que
podamos tener la libertad para generar cosas diferentes.
-¿Y cómo encaran esta
situación desde el Movimiento Lanús Libre de Hambre?
–V. de G.: Nosotros establecimos que hay cuatro ejes y esto
no quiere decir que se tiene que hacer uno primero que el otro, es todo y al
mismo tiempo. El primero es dar de comer, no hay ninguna discusión, hay que
comer; lo segundo, es mejorar y construir un alimento saludable; lo tercero es
discutir la producción y la comercialización; lo cuarto, es el objetivo
prioritario, que es comer en casa. Y en estas cuatro líneas hay políticas para
todo: el Plan Alimentar significa darle a la madre la posibilidad que compre
mejor alimento; también que esté hoy el compañero Nahuel Levaggi, que es
presidente de la Unión de Trabajadores de la Tierra, discutiendo desde el
Mercado Central cómo hace para crear una empresa que ayude a los productores y
mejore la producción, pero además permita controlar los precios, es el tercer
rubro. Y utilizar la plata del Estado, ya que ahora no van a pagar más plata
durante varios años por el acuerdo por la deuda externa, hay que aprovecharla,
no para que se fuguen los capitales ni seguir beneficiando a las grandes
empresas que saquean el país, sino que utilicen la plata para generar trabajo y
mano de obra intensiva. Pongo un ejemplo: hay una ley de doble escolaridad pero
resulta que no hay aulas, deberían existir. Conectar las cloacas en los barrios
más humildes significa mano de obra intensiva. Entonces me parece que hay que
cambiar este designio que no es divino, es de los poderosos, para que seamos
más pobres y más desocupados. Nosotros creemos que se puede cambiar.
-¿Y cómo se puede revertir esta situación de coloniaje que
es tan añeja y está tan arraigada en nuestro país, con el gran poder de
destrucción de los intentos populares para modificar el estado de cosas que
muestran, por ejemplo, los medios de comunicación hegemónicos junto a las
empresas saqueadoras?
-V. de G.: Esos poderes existen y eso ocurrió siempre, es
una pulseada permanente, como sucedía entre los esclavos y los esclavizadores.
Es como decir: ¿Tenía sentido que se organice Espartaco para pelear contra el
Imperio Romano, si no puede?… Y bueno, no hay esclavitud. Y así te podría
seguir dando ejemplos a lo largo de nuestra historia y de la historia
argentina: los 500 años de resistencia de los pueblos originarios, que tienen
más de diez mil años y siguen peleando todos los días por defender sus derechos
y sus tierras. O la experiencia de Evo Morales donde sigue la lucha. De hecho
nuestro pueblo no se olvida de eso y por eso fue el gran triunfo del 14 de
agosto del año pasado, cuando nuestro pueblo le pegó un gran cachetazo a los
poderosos, echando y haciendo silenciar a Trump y su mejor alumno está hoy
fugado en París. Me parece a mí que es una pulseada que depende de nosotros.
Nosotros trabajamos todos los días y en el trabajo cotidiano uno ve como la
pelea es sin tregua. Si fuera por ellos trabajaríamos gratis, teletrabajo
mediante, harían trabajar a toda la familia, desapareceríamos, no hay ninguna
duda. Y creo que hoy existe esa posibilidad pero hay que organizar fuerza para
hacerlo. Para poner un ejemplo: dale un salario de 17 mil pesos a cada persona
en la Argentina que no tiene un trabajo permanente o reconocido legalmente
-porque la mayoría de la gente tiene trabajo ilegal, clandestino, precario-, y
4 mil pesos de salario universal por hijo, eso sale en la Argentina el 5% de
todo lo que producimos. Y no habría más pobres por nivel de ingresos. Ahora
claro, eso es un piso, después hay que trabajar para la educación, para la
salud, para resolver el resto de los grandes problemas que tenemos. Hay
millones de puestos de trabajo que se necesitan y que no quieren pagarlos: hoy
en día, por ejemplo, agentes sanitarios. Necesitamos un montón de trabajadores
esenciales pero no los han pagado y los han denostado. Y así te podría poner
muchos ejemplos, es una decisión política y la política se construye.
-En ese sentido se escuchan todos los días expresiones de
sectores del poder que siguen instigando para que los trabajadores tengan cada
día menos derechos, ¿cómo considera esta situación?
-V. de G.: Si es por ellos, nos quieren hacer trabajar
gratis. Y nosotros tenemos que ver toda esta fuerza popular que ha hecho el
aluvión del año pasado y que exige que los gobernantes estén a tono con ese
pueblo, no con los condicionamientos del poder. Hoy, con esta pandemia, creo
que estamos muy conscientes que tenemos que cuidarnos entre nosotros por la
debilidad en la que nos dejó la organización de la estructura de poder en la
Argentina, pero en si otro fuera el contexto la organización popular estaría
muy movilizada porque hay mucha más organización que hace veinte años. Y hace
veinte años nos lanzamos a caminar desde Rosario hasta Buenos Aires a plantear
un shock de distribución del ingreso que parecía más imposible que hoy, y un
año y medio más tarde estábamos haciendo una consulta popular, que fue la del
FRENAPO, salario universal, el seguro de empleo y formación para todos los
trabajadores desocupados y jubilación digna, que terminó el 17 de diciembre.
Fueron cuatro días: 3.100.000 votantes. Se pudo hacer y al otro día, cuando
todos salimos como pueblo a decirle no al estado de sitio de De la Rúa se
modificó la realidad. Yo confío mucho en la capacidad del pueblo, hay que abrir
esos espacios para que exista hoy esa participación. No tengo ninguna duda que
se puede hacer.
-¿Cree que la unidad del movimiento nacional y popular que
logró un triunfo fundamental ante el gobierno neoliberal de Macri está en
condiciones de mantenerse y fortalecerse?
-V. de G.: La unidad no es un decreto, la unidad se construye
con consenso, con decisiones comunes, hoy el Frente de Todos es un gran frente
para sacar a Macri y se logró, ahora la gestión de gobierno y la organización
popular necesita empoderar al pueblo y eso necesita de apertura, debería haber
comité de crisis en todos los barrios y en todos los sectores: en la salud, la
educación, en todos los sectores, y no hay. Nosotros en Lanús lo hemos forzado
y se reunió y no funciona. Tres reuniones, hasta en una tuvimos que juntar
firmas de todos los sectores políticos para obligar al intendente que nos
reciba y no funcionó, nos dijeron que no a todas las propuestas que hicimos.
Nosotros seguimos trabajando igual, por supuesto, y tuvimos que hacer ollazo
con UTEP, con la CGT de Lanús, con la CTA Autónoma, con el Movimiento Lanús
Libre de Hambre y hasta logramos unificar a todos los bloques del Frente de
Todos para una ordenanza que obliga al reconocimiento de todas las ollas
populares en Lanús. Todavía estamos en esta discusión de la reglamentación.
Está claro que nadie te regala nada, el problema es cómo se trabaja. Estamos en
un periodo de potencialidad, el que tiene la mayor responsabilidad siempre es
el que más poder administra y tiene, es el que tiene abrir, tanto en una
organización sindical, en una sociedad de fomento, en un municipio, en el
parlamento, en la justicia o en el poder ejecutivo en cada provincia o de la
nación. Yo sí creo que hoy hay mucha más organización popular dispuesta a hacer
las cosas prioritarias y tiene que haber propuestas claras. La defensa de la
única herramienta para enfrentar la pandemia se logró y se sigue manteniendo,
el resultado es que hemos tenido mayor defensa de la vida. Si logramos que
todos veamos como prioritario, como lo dijo el Presidente de la Nación en
Agronomía el año pasado que una vergüenza que en la Argentina donde se fabrican
alimentos haya hambre y lo tomamos como prioridad, no tengo la menor duda que
en seis meses no habría más hambre en la Argentina.