10.04.2013

Trabajadores de 23 países debaten en Conferencia Internacional

<p> </p> <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; font-family: 'Verdana','sans-serif';">CAPITAL FEDERAL// Como preludio del Congreso de la CTA que se desarrollará jueves y viernes próximo en Buenos Aires, hasta mañana se lleva adelante la Segunda Conferencia Internacional que reúne a las centrales sindicales nucleadas en la SIGTUR, Iniciativa del Sur sobre Globalización y Derechos Sindicales.</span></p> <p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12pt; font-family: 'Verdana','sans-serif';">

 

Trabajadores provenientes de 23 países discuten alrededor de un documento denominado Visión Política de los Trabajadores sobre el Desarrollo y las Iniciativas de Poder para un Mundo Necesario.

El texto plantea que el trabajo atraviesa una crisis fomentada por la informalidad laboral y la pérdida de acceso y control sobre los bienes comunes, como los recursos naturales. “Así como en tiempos de Marx se hablaba de la acumulación primitiva, inicial del capital, siendo el campo el principal desposeído, en estos momentos de acumulación para avanzar se requiere la desposesión y marginación de recursos de amplios sectores de la población, incluyendo aquellos que son partícipes directos de la producción de la riqueza industrial”, sostiene el documento. Este proceso de acumulación de los grupos económicos dominantes no se ha detenido ni siquiera en 2009, durante el peor momento de la crisis económica internacional.

Hay consenso en cuanto que la informalidad y precarización laboral no están desconectadas de la economía formal, sino que constituyen parte de un mismo proceso. En tal sentido, ellas son funcionales a la tasa de ganancia de los empresarios, y se denuncia que en todas las actividades económicas existe algún eslabón de la cadena productiva que presenta altísimos índices.

El capitalismo da sentido a este fenómeno en la existencia de dos grupos de trabajadores: los que contarían con estabilidad y plenos derechos, y los precarizados. Distinción cuestionable al menos por dos razones. Primero, porque fomenta una división dentro de la clase trabajadora, ya que incluye una implícita invitación a los supuestos trabajadores formales a aliarse con algunas fracciones de la burguesía. Segundo, porque muchos trabajadores precarizados están en mejores condiciones laborales respecto de los formales. En este sentido, una de las tareas del sindicalismo es ajustar las estrategias de acción y organización a estas características que enfrentan cotidianamente los trabajadores, que no implica desarrollar modalidades particulares para los trabajadores precarizados, sino más bien incorporar a la totalidad de la clase en una misma estrategia.

En cuanto a los bienes comunes, el documento de plantea que los recursos naturales son considerados mercancía a escala global con la complacencia de los Estados, incluso en los que gobiernan partidos cercanos a los intereses populares. Las luchas contra la megaminería, el desmonte y el avance de la producción de alimentos transgénicos son casos comunes, no aislados, que pueden encontrarse por todo el mundo. En América Latina, el texto sostiene que se ha mejorado la administración de recursos a favor de sectores populares, pero no se alterado las condiciones estructurales que llevaron a esa situación.

El acceso a estos bienes deja de ser una pelea de comunidades campesinas para convertirse también en una demanda de los movimientos sociales de las ciudades. Los movimientos de trabajadores, en especial los industriales, han logrado lentamente reaccionar y apoyar las luchas socio-ambientales. Sin embargo, y de manera similar al caso de la informalidad laboral, las resistencias a la imposición de un modelo tienen un límite determinado, y es la organización con iniciativas novedosas la que puede llegar a superar esta situación.

A modo de cierre, los trabajadores debaten alrededor de la coordinación de las luchas y la integración de los sectores marginados a sus organizaciones como las claves de este momento. “Estos tiempos”, dice el texto, “requieren propuestas superadoras que permitan dar en el eje principal de esta desposesión, que son los grupos económicos concentrados. En este marco, el fortalecimiento y articulación del conjunto de las organizaciones sociales constituye una prioridad estratégica para impulsar un cambio en las relaciones sociales. La necesidad de articular las estrategias territoriales y sindicales de organización de los trabajadores no es nueva en la historia del movimiento obrero. Un eje fundamental es recuperar la unidad de la clase trabajadora, que el capital se empecina en presentar de manera fragmentada. El otro eje es mirar al contexto y conectar con los movimientos que pelean contra la privatización de los bienes comunes. Un tercer eje es coordinar nuestras luchas a nivel mundial, ya que los enemigos son comunes, en muchos casos exactamente los mismos”, finaliza.

 

PRENSA ATE – 10-04-13

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